LAZKAO. DV. Como cada año, el domingo más cercano al 3 de abril, día de su fallecimiento, Lazkao recuerda, mediante un pequeño acto de homenaje, a uno de sus personajes más conocidos y queridos, el bertsolari Lazkao-Txiki. Organizado por la asociación cultural Goierriko Euskal Eskola y el grupo Lazkao-Txiki, y con la colaboración del Ayuntamiento de la localidad, los alrededores de la estatua erigida en recuerdo del bertsolari serán mañana al mediodía el escenario de un acto «humilde», según los organizadores, «pero necesario, para que las nuevas generaciones conozcan quién fue y qué hizo Lazkao-Txiki».
A las 12 del mediodía se celebrará la misa en la parroquia San Miguel y a continuación, hacia las 12.30, se realizará una ofrenda floral y habrá bailes –con el grupo de danza local Oin Arin– y música –a cargo de los alumnos de la Escuela de Música Lazkao-Txiki, para terminar, como no podía ser menos, con la actuación de dos bertsolaris de la comarca: Patxi Iraola y Florentino Goiburu. Para terminar, reparto de caldo entre todos los asistentes. Además, ayer viernes, como complemento de este homenaje se celebró en el barrio que le vio nacer, Lazkaomendi, una bertso-afari, en la que participó, junto a los dos bertsolaris citados, Xabier Amuriza.
Trece años de su muerte
El lunes, 3 de abril, se cumplirán 13 años desde la muerte de Jose Migel Iztueta, Lazkao-Txiki, y desde entonces los organizadores de este acto recordatorio no han faltado a su cita, aún sabiendo que quizá al propio protagonista no le hubiera gustado demasiado ser el centro de tanta atención. «Yo creo que no lo hubiera aceptado, no era de estas cosas», asegura Felipe Altuna, uno de los organizadores del acto y gran amigo de Lazkao-Txiki. «Era una persona muy humilde. Aun cuando ofrecía sus mejores versos, no les daba demasiada importancia». No obstante, reconocen que la familia sí agradece el acto de mañana y que, de hecho, suele estar dispuesta a echar una mano en cuanto se le necesita.
Muestra de ese carácter humilde de Lazkao-Txiki son probablemente los numerosos problemas a los que tuvo que enfrentarse otro nombre reconocido del bertsolarismo, Xabier Amuriza, cuando quiso escribir un libro sobre el lazkaotarra basado en sus propios testimonios. Debió de reunirse en numerosas ocasiones con Lazkao-Txiki para que éste le hiciera partícipe de sus vivencias, anécdotas, versos... Pero el lazkaotarra siempre encontraba una excusa para desviar la conversación hacia otros derroteros. Amuriza llegó incluso a llevarle al barrio beasaindarra de Matxinbenta seguro de que allí no les molestaría nadie, pero fue suficiente que un niño asomara su cabeza por la puerta del bar donde se reunieron, para que la conversación entre ambos bertsolaris quedara finiquitada, ya que Lazkao-Txiki se dedicó en adelante a jugar con aquel niño.
«Le encantaban los niños, era muy niñero», cuenta Altuna. «Y buena persona. No creo que hiciera mucho mal en su vida». Como bertsolari también lo demostraba. «Ayudaba mucho al compañero. A lo mejor lo metía en un aprieto con algún verso, pero después le abría un camino para que el otro respondiera. Eso sí, si a él le ponían en un aprieto, soltaba alguna como para recordar...».
Altuna recuerda que los versos eran su vida. «Hablaba de la misma manera en la que cantaba sus versos». Y hacía reír. «No había día en el que, estando a su lado, no te hubieras reído. Era muy petrala, recto, demasiado, de los que se toman todo a pecho. Y sufrió mucho en vida. Pero, eso sí, siempre hacía reír al de al lado».
Un pequeño museo
Nacido en 1926 en el caserío Abalin del barrio de Lazkaomendi, hoy en día en su casa natal se puede visitar un pequeño museo dedicado a Lazkao-Txiki. Allí se puede ver su cuna a la que tan bellos versos dedicó, así como su librería, sus fotos... Una buena forma de conocer quién fue Lazkao-Txiki y por qué, después de 13 años, aún le recuerdan con cariño y respeto todos los aficionados al bertsolarismo. n