PARÍS. El conflicto sobre el Contrato Primer Empleo (CPE) se radicalizó ayer en Francia, antes de nuevas manifestaciones que hacen temer disturbios y brotes de violencia en los suburbios, mientras el primer ministro, Dominique de Villepin , permanece inflexible. Los estudiantes de liceos y universidades volverán a manifestarse hoy en una jornada de movilización que se desarrollará bajo una fuerte tensión. Por su parte, los sindicatos preparan un «martes negro» para el 28 de marzo, con manifestaciones y huelgas que podrían paralizar al país. Las convocatorias de huelgas se acumulan de cara a esa jornada de acción sindical y estudiantil.
El ministro del Interior, Nicolas Sarkozy, principal rival en la derecha de Villepin con miras a las elecciones presidenciales de 2007, advirtió de una reanudación de la violencia en los suburbios, sacudidos por tres semanas de motines a fines del año pasado. «Existe un peligro de que esta efervescencia de los estudiantes de liceos y universidades despierte la agitación en los suburbios, que siguen bajo una fuerte tensión», afirmó Sarkozy, al ser interrogado al respecto por el semanario francés Paris Match.
En el departamento pobre de Seine-Saint-Denis, al norte de París, donde a fines de octubre comenzaron los actos de violencia urbana después de la muerte accidental de dos adolescentes, varias manifestaciones de estudiantes de un liceo dieron lugar el martes y el miércoles a disturbios: enfrentamientos, policías apedreados y automóviles quemados.
Choques violentos
Las anteriores manifestaciones contra el CPE terminaron en choques a veces muy violentos con la policía, sobre todo en París. Un sindicalista que resultó gravemente herido el sábado pasado en circunstancias que todavía no fueron aclaradas seguía en estado de coma.
Sarkozy, presidente del partido en el poder (Unión por un Movimiento Popular, UMP), pidió al jefe de Gobierno que mostrase más flexibilidad y dijo que estaba a favor de «una experimentación de seis meses» del CPE, que luego sería sometido a una evaluación.
«No hay que ponerse nervioso», agregó Sarkozy, en una crítica implícita al primer ministro. Sin embargo, descartó la hipótesis de una renuncia del Gobierno, invocada por la prensa. Uno de los allegados de Sarkozy, el diputado Yves Jego, declaró por su parte que «no habría nada peor que permanecer rígido y dar la impresión de que se quiere que la situación de enfrentamiento perdure».
Algunos diputados de la derecha se mostraron virulentos y compararon a Villepin con el «capitán del Titanic» y «el flautista que conduce a las ratas fuera de la ciudad para ahogarlas».
Las críticas fueron aún más enérgicas en la izquierda. «¿El primer ministro es un dirigente responsable?», se preguntó el jefe del PS, François Hollande, quien acusó a Villepin de «organizar el conflicto con el país» en nombre de «una estrategia política» volcada en las elecciones presidenciales de 2007.