Por detrás de esas feas vallas que dan a la calle Oquendo -¿es que nadie quiso patrocinar una forma más lustrosa de cubrir el edificio?- asoman los brillos de las letras VE. VE del Victoria Eugenia, claro, de aquel teatro nuestro. ¿Lo recuerda alguien todavía?
El Victoria Eugenia es el gigante dormido. Un fantasma donostiarra que mira de reojo las lucecitas y colorines del Kursaal, ese joven insolente del otro lado del río. Volverá. Sabemos que algún día el Victoria Eugenia volverá. Y, si le dejan, protagonizará un duelo de titanes. VE contra K. Al menos, en señorío tiene la batalla ganada.