SAN SEBASTIÁN. DV. «Cese de negocio». Son varios los comercios del Centro que muestran en estos momentos estas palabras a través del cristal de sus escaparates. Algunos propietarios han llegado a la edad de jubilarse y no tienen descendencia o sus hijos han tomado caminos laborales ajenos al negocio familiar. A otros, sin embargo, las cuentas no les salen.
En los primeros nueve meses de 2005 pidieron la baja un total de 17 establecimientos comerciales del Centro de la ciudad, mientras que el alta fue solicitada únicamente por uno. Según datos proporcionados por la sociedad de Fomento, de los 841 establecimientos con los que cuenta actualmente, alrededor de 500 tienen una antigüedad superior a cinco años. «En los barrios periféricos es más fácil descubrir un servicio que no se ofrece y cubrir una cuota de mercado, mientras que en el Centro todo está mucho más visto. Los que abren sus puertas, si pasan la barrera de los tres años se estabilizan y se asientan», comenta el concejal de Comercio, Enrique Ramos.
Desde hace seis meses existe además un actor importante en este escenario: el nuevo San Martín. Todavía «es pronto» para realizar un balance económico exhaustivo de la repercusión que este gran «mercado del siglo XXI» ha tenido sobre los pequeños establecimientos de la zona.
Ventajas y desventajas
En cualquier caso, ojeando escaparates uno cae en la cuenta de que son varios los establecimientos de esta zona de la ciudad que junto con sus productos anuncian en el escaparate el cierre de su negocio. Los motivos de la clausura son básicamente la cercana jubilación del propietario o el no poder hacer frente al negocio, en algunos casos, según apuntan, a consecuencia de la apertura del nuevo mercado de San Martín.
«La competencia es bestial. San Martín no nos ha traído más que desventajas», asegura María Concepción Manuel que desde 1981 es propietaria de la tienda de ropa para niños 'Anabela'. Este es uno de los comercios de la calle Urbieta que en estos momentos se encuentra en liquidación de existencias. Las puertas de este establecimiento se abrieron en los años 60, pero María Concepción decidió en enero bajar la persiana. Desde que regenta esta tienda ha vivido tiempos de bonanza, incluso llegando a contratar a cinco dependientas.
«Desde el año 92 empecé a notar que los cosas no marchaban como tenían que ir», comenta. A día de hoy «queremos bueno, bonito, barato y que nos atiendan bien, como sólo se hace en los pequeños comercios». En contraposición, a raíz de la apertura de los grandes centros comerciales los clientes, al parecer, hemos adquirido cada vez peores costumbres. «Te cogen la ropa y te la dejan como sea», denuncia. La competencia frente a los más grandes se hace especialmente dura en materia de horarios, porque «cierran ya de noche y pueden tener todas las dependientas que quieran, así que tienen todas las ventajas mientras que a los pequeños no nos apoya nadie».
Los propietarios del histórico establecimiento donostiarra 'La Estrella', ubicado asimismo en la calle Urbieta, cierran también su negocio, pero en su caso, tal y como comenta Arantxa Jiménez, el motivo es que les ha llegado la hora de jubilarse y sus hijos han tomado caminos laborales puertas afuera del negocio familiar. Coincide en la dificultad de competir con los grandes establecimientos, sobre todo, por los horarios que manejan, pero bajo su punto de vista San Martín ha atraído «una mayor afluencia de gente al Centro», algo que «siempre es bueno».
Tras más de veinte años abierto al público, en principio ofreciendo ropa de vestir y ahora centrado en el hogar, 'El Visillo' de la calle Arrasate es otro comercio del Centro que anuncia su próxima clausura por jubilación. «Es difícil competir porque los grandes establecimientos tienen muchas más dependientas, y aunque es cierto que desde que se ha abierto San Martín hay más movimiento de gente en el Centro, no nos ha favorecido todo lo que pensábamos», apunta la encargada del local, Elvira Bello.