Me ha producido tristeza leer la crítica de la ópera Carmen representada el sábado, 11 de marzo en el Kursaal. No dudo de los conocimientos artísticos y musicales del señor Emece, pero hacer una crítica tan dura a esta representación es como comparar una comida de gastrónomos en Arzak con un sencillo almuerzo entre 8 y 12 euros en un bar de San Sebastián con mantel de papel y los alimentos sencillos pero buenos.
Ésta es una representación de un solo día, los decorados lógicamente tienen que ser sencillos, hoy aquí y mañana tal vez en Zaragoza, pero dignos. En las actuales representaciones incluidas las de mayor categoría, también se repite el decorado en todos los actos con pequeñas modificaciones, como por ejemplo la reciente Butterfly en Bilbao, con un solo decorado para los tres actos. Además de un salón inapropiado para una sencilla casa japonesa, y no digamos nada de la famosa mesa. Claro que faltó el coro de niños, pero pagando 40 euros la mejor localidad y 25 la más económica, no van a trasladarse por carreteras en época escolar con unos 15 chavales, y si los contratan en San Sebastián serían necesarios por lo menos uno o dos ensayos y otro general. En Bilbao la localidad más cara es de 150 euros, y desde donde yo vi la Butterfly; allí arriba me costó 77 euros y para colmo sólo veía algo más de medio escenario. En el binomio precio-calidad, esta Carmen fue muy digna. Salió bien, eso me pareció, aunque lógicamente con fallos. Además, en Bilbao hay cuatro representaciones y en Madrid recientemente se pudieron ver 14 de L'elixir d'Amore. Así sí se pueden reducir los costes, pero con una sola representación es difícil. Bienvenidas sean estas modestas representaciones, que no todas las caras y de renombre son tan buenas.