Félix Iraola ya ha anunciado que se va de la Cámara de Gipuzkoa, donde ha trabajado como director general durante los últimos catorce años. Realmente se irá el 1 de mayo y pasará a la «trinchera empresarial», como le gusta definir su próxima etapa. Finaliza un ciclo y comienza otro. Pero sigue siendo fiel a sí mismo y mantiene a Gipuzkoa como bandera. En lo bueno y en lo malo, como en las bodas. Y aunque advierte que a veces los guipuzcoanos nos complicamos mucho las cosas o decidimos muy lento, también denuncia que proyectos vitales «no se han abordado con la suficiente contundencia y cariño a lo que es Gipuzkoa» por parte de las instituciones vascas.
- ¿Por qué se va ahora de la Cámara de Gipuzkoa?
- Por dos razones. La primera, porque creo en los ciclos en los puestos de trabajo y entiendo que he cumplido un ciclo, interesante y muy gratificante para mí, de catorce años en la Cámara. Es el momento de que entre gente nueva para que, aprovechando lo que esté bien hecho, potenciarlo hacia nuevos objetivos. Y la segunda, por el gusanillo de querer tener mis empresas y trabajar más directamente desde la trinchera empresarial. Y creo que ha llegado el momento oportuno de madurez profesional y de edad para hacerlo. Como coincide que he tenido una serie de ofertas interesantes, pues me he lanzado a crear dos empresas, una entidad financiera y una constructora, que espero que funcionen bien.
- ¿Y también trabajará en la Sociedad de Capital Riesgo Talde?
- Sí, también voy a Talde. Dado que comienza a tener un peso importante en la actividad de capital riesgo y se está estructurando y resideñando el nuevo Talde de los próximos diez años, el presidente de esta entidad contactó conmigo y considera que puedo aportar experiencia y sentido común en ese proyecto.
- ¿Cansa y desgasta estar en una tribuna pública tantos años haciendo sonar las alarmas frente a las instituciones en temas tan importantes para Gipuzkoa, y a la vez polémicos, como la 'Y' vasca, el TAV, la ampliación del Puerto de Pasajes...?
- Hombre, el resultado no es en absoluto de cansancio, hastío o desgaste. Sí hay momentos en los que cuando uno pone toda la energía posible para que salgan los temas y algunos se estancan, pues... sí, te invade a veces una cierta desesperanza. Pero le aseguro que en mi caso la resultante no ha sido ni de cansancio ni de desgaste, sino todo lo contrario.
- En estos catorce años como director general de la Cámara, ¿qué cree que ha hecho bien y qué deja pendiente a su sucesor?
- Yo no le llamaría hacerlo bien o mal. Sí me siento satisfecho con el esfuerzo que he hecho y con el modelo que, con ayuda del equipo de personas de la Cámara, hemos creado. ¿Cosas pendientes...? Pues, en algunos momentos más valentía y haber empleado más contundencia a la hora de empujar algunos proyectos.
- La puesta en marcha de la nueva sede de la Cámara, con el añadido de la caída de una grúa y el consiguiente aplazamiento, ¿ha sido un parto doloroso?
- Las obras en general son partos dolorosos, ésta especialmente porque ha supuesto un hito. Era un proyecto muy arriesgado porque se trata de un edificio vanguardista de difícil construcción. Además, tuvimos la mala suerte del accidente de la caída de la grúa de una obra vecina, que nos ha retrasado un año. Pero bueno..., también ha sido un aprendizaje importante. Más que doloroso, diría que ha sido un proceso complejo y muy gratificante a la vez.
- ¿Qué tal se lleva con el presidente de la Cámara, José María Echarri?
- Muy bien. Desde el punto de vista personal, mantengo con él una relación muy próxima, no sé si llamarla de amistad, pero sí muy buena. Y desde el punto de vista profesional, hemos hecho un tandem que él en un momento calificó de «pareja de baile», y hasta en las mejores parejas de baile en algún momento uno pisa al otro. He trabajado con él muy a gusto y con la suficiente compenetración para el bien de la Cámara.
- ¿Y con la dirección del PNV?
- Soy afiliado al PNV y me llevo bien con su dirección. Una de las ventajas que tener años y veteranía es que te permite ver las cosas con cierta distancia. En el plano personal me llevo bien con la dirección del partido. Y en el profesional, yo no soy político, no trabajo en la política y, por lo tanto, mantengo mis ideas. Algunas no son coincidentes con las de la dirección del PNV y otras sí.
- ¿Y me va a decir lo mismo del Gobierno Vasco?
- De verdad, las relaciones personales son muy cordiales. Y eso lo facilita el hecho de haber estado hace unos años en el propio Gobierno Vasco. Y en lo profesional, pues creo que tenemos una relación muy aceptable; mejorable, como todo, pero satisfactoria.
- ¿No cree que sus reiteradas críticas al Gobierno Vasco por la desatención a Gipuzkoa en materia de inversiones e infrestructuras le ha incomodado con esta institución?
- Sinceramente, no. Creo que hay que ser honesto. Y honestidad implica decir lo que uno piensa por el bien de lo que uno defiende. Si yo entiendo que mi obligación ha sido trabajar por el colectivo empresarial y, como derivada, trabajar por este país, desde la honestidad hay cosas que no se pueden callar, molesten a quien molesten. A mi juicio, hay cosas que se han hecho mal y se están haciendo mal, y mi obligación y mi honestidad me lleva a decirlas porque no hacerlo no ayuda.
- ¿A qué cosas se refiere?
- Los proyectos que usted mencionaba anteriormente no se han abordado con la suficiente contundencia, ni con el suficiente cariño a lo que es Gipuzkoa, por parte de determinados decisores. No me refiero en concreto a tal o cual persona porque al final hay personas que toman las decisiones, pero las inercias de las instituciones marcan mucho. Cuando yo manifesté lo que dije era necesario hacerlo. La prueba es que ayudó a acelerar procesos y a abordar proyectos que tenían el riesgo de aplazarse aún más.
- ¿Su marcha tiene también relación con todo esto que estamos hablando...?
- Ya he explicado antes las razones de mi marcha y en mi decisión no me ha influido para nada ese tipo de... llamemos posturas habituales. Si a alguien no le ha gustado lo que he dicho... Siempre he procurado decir las cosas con corrección a quien tengo que decirlas. A mí no me ha supuesto ninguna incomodidad. Siempre que me he tenido que acercar oficialmente o no oficialmente a la Administración y en alguna ocasión a partidos distintos a aquel en el que estoy afiliado, he recibido un trato correcto y bueno. Por tanto, no hay nada de eso que usted menciona y, por supuesto, no ha influido en mi decisión.
- «Otros son ahora más rápidos y llegan antes que nosotros». La frase es suya. ¿A qué se refería?
- Estábamos hablando de la ampliación del Puerto de Pasajes. Llevamos siete años discutiendo si hacemos o no hacemos. En otros lugares determinadas decisiones se toman con más unanimidad y se ponen en marcha con más rapidez. Por ejemplo, en todo lo relacionado con la 'Y' ferroviaria vasca no se habían alcanzado los consensos mínimos suficientes para que la pelea fuese por el conjunto del trazado y no empezar por aquí o por allí. En otros lugares toman decisiones y nadie las complica. A veces, aquí nosotros nos complicamos mucho las cosas o vamos a un ritmo demasiado lento. Y después es muy difícil recuperar ese tiempo perdido.
- Otra de sus frases es «Siempre hay quienes se oponen a todo proyecto».
- En todas las sociedades hay un porcentaje de gente que por definición siempre está en contra de todo, sea político, económico, cultural, etc. Aquí prestamos demasiados oídos a ese porcentaje. Y deberíamos liberarnos un poco de esos anti-todo, desde el punto de vista conceptual, y jugar más a aceptar a las mayorías. Claro que sin aplastar a las minorías. Lo que no es de recibo es que una sociedad moderna y que debe moverse a una rapidez vertiginosa, permanezca anclada en debates que muchas veces son estériles y que posponen las decisiones.
- Alguien dijo que, en general, los vizcaínos piensan y actúan, y los guipuzcoanos piensan y piensan. ¿Somos así?
- No soy maximalista. Hay guipuzcoanos que pensamos y actuamos, y también hay vizcaínos que piensan y piensan. Es más un problema de saber alcanzar consensos que de estar en el debate permanente. Y también hay otro factor a tener en cuenta y es la propia estructura del territorio, que lleva a que Bilbao tenga un peso importante en Vizcaya, lo mismo que Vitoria en Álava o Iruña en Navarra. Y en Gipuzkoa tenemos una distribución territorial muy equilibrada desde el punto de vista del bienestar, que está muy bien pero que complica mucho las decisiones. Aquí todos somos conscientes de que San Sebastián es la capital, pero tenemos un Irún, un Eibar, un Tolosa, etc., zonas con personalidad que quieren hacer oír su voz y de alguna manera eso complica y retrasa las decisiones.
- ¿Es ésta la causa de que nos estemos quedando atrás?
- Probablemente es una de las causas. También hay otras como el propio modelo social que hemos elegido para el País Vasco. Hay tal protagonismo del sector público que no se dejan suficientes ventanas abiertas para que crezca una iniciativa privada sólida. Nuestro modelo no está mal, pero tiene treinta años y habría que repensarlo. También hemos creado un sistema fiscal muy eficaz, pero luego lo aplicamos a múltiples cosas que son incompatibles. En la economía, como en la vida, no todo es posible y hay que establecer prioridades y elegir.
- ¿Es más difícil ser empresario en el País Vasco?
- Ser empresario ya resulta difícil en sí mismo, lo hagas donde lo hagas. Pero, indudablemente, la dificultad es mayor en el País Vasco, donde por desgracia han arreciado las amenazas de ETA también sobre el mundo empresarial. Antes, con ETA asimismo, había colectivos sociales que denigraban o denostaban la actividad empresarial y ejercían una presión de otro tipo. Ahí hay una labor importante a desarrollar por el conjunto de la sociedad, con el sector público al frente, de facilitar esa actividad e impulsar las vocaciones empresariales.
- ¿En este contexto, que mensaje le gustaría transmitir a los empresarios guipuzcoanos?
- De ánimo. Estoy convencido de que pronto llegará la satisfacción del reconocimiento social a la labor empresarial. Y que sean conscientes de que esta labor es imprescindible para este país.
- ¿Ve cercano el final de ETA?
- No es un proceso fácil, aunque está claro que el terrorismo no sirve para nada. Yo soy sensatamente optimista. Cuando determinadas personas, tanto del Gobierno de Madrid como del Gobierno Vasco se han manifestado públicamente como lo han hecho, es porque tienen razones suficientes para hacerlo. Si no fuera así, me parecería una irresponsabilidad tal que conceptualmente no lo puedo admitir. A quienes trabajan para que esto se resuelva hay que dejarles trabajar, y a los demás nos toca apoyarles.
MUY PERSONAL
«Últimamente no veo muy tranquilo los partidos de la Real»
En lo personal, Félix Iraola barrunta que su nueva etapa profesional no le va a dejar más tiempo libre que el poco que tenía hasta ahora. «No mido el tiempo cuando trabajo y siempre hay tantas cosas por hacer...», confiesa resignado. Personas de su entorno nos aseguran que es muy fácil trabajar con Iraola por su talante, pero que también «es tremendamente exigente, empezando por él mismo».
- ¿Qué aficiones cultiva más?
- Pues, me gusta mucho jugar al mus y también escuchar música de jazz y ópera, y leer libros. A veces corro por la playa y cuando puedo voy al cine y juego al ajedrez con el ordenador.
- ¿Cuál es la última película que ha visto?
- El jardinero fiel. Me gustó más la novela que la película. Y me quedé con mucha pena de que a Alberto Iglesias no le dieran el Oscar por la música de esta película. Estudiamos juntos y mantenemos ese tipo de amistad desde pequeños que duran toda la vida.
- ¿Qué libro ha leído recientemente?
- Acabo de terminar La Yihad, de Gabriel de Arístegui. Me ha parecido muy interesante porque aborda con mucha valentía el tema del terrorismo islámico. Y voy a empezar Suite francesa, de Irene Nemirowsky. También leo libros sobre temas profesionales y de economía.
- ¿Le gusta también el fútbol? ¿Sigue a la Real Sociedad?
- A Anoeta suelo ir cuando tengo el privilegio de ser invitado al palco de la Real. Sí la sigo mucho por televisión con los amigos y últimamente no lo hago muy tranquilo que digamos. Me suelo poner bastante nervioso. Espero que se salve, pero el fútbol es muy complicado y al final el salvarse no sólo depende de cómo se juegue sino también de otras cosas, pues hay árbitros que le están pitando a la Real lo que difícilmente le pitarían a un Barcelona o a un Madrid. Por eso me está desencantando el fútbol.
- En lo personal, ¿qué es lo que le cuesta más dejar en su marcha de la Cámara?
- La relación humana que he conseguido con el equipo de la casa. El momento más duro que he tenido fue cuando tuve que decirles que lo dejaba.
-En todos estos años, ¿qué empresario le ha llamado más la atención?
- He tenido el privilegio de conocer a muchos que me han enseñado muchas cosas. Pero me gustaría destacar a Imanol Elorriaga, que fue presidente de la Cámara y que me demostró siempre qué es ser empresario, cómo vislumbrar a dónde hay que ir y cómo se puede hacer, y crear el equipo necesario para ello.