Juana Corta, 76 años, mercedaria de la Caridad en Arrasate desde hace casi medio siglo, conoció a Arizmendiarrieta durante sus últimos diez años de vida y tiene unos recuerdos imborrables de «su tesón por hacer cosas por los demás». «Yo le conocí cuando se cumplió su sueño de que en Mondragón hubiera un hospital comarcal para que los obreros no tuvieran que perder horas de trabajo yendo a Vitoria». Luego llegaron años muy duros, cuando «don José María» enfermó: «Era un hombre excelente, con un permanente afán por mejorar. Siempre estaba con que había que hacer cosas para igualar a todos, que a nadie le faltara nada. Hay que hacer por el hermano. No hay Dios sin hermano, repetía una y otra vez». Cuando se le pregunta sobre la canonización, comenta: «En vida ¿santo? No. Un hombre humano, cercano, su pensamiento siempre estaba fijo en hacer el bien». ¿Milagro? «¿Hay alguno mayor que lo que ha terminado siendo aquella Ulgor?».