El día 18 de marzo de 2006 leí en el DV un artículo titulado, los médicos advierten que la atención primaria en Gipuzkoa «va al colapso». No hubiera contestado a este artículo, si no se hubiera citado como una de las causas de sobrecargo de trabajo la supervisión de las enfermeras. Como enfermero y como ex jefe de Unidad de Atención Primaria, conozco bien la Atención Primaria (AP) y debo recordar que las relaciones entre los médicos y enfermeras de AP son de colaboración y no de dependencia, para que de forma complementaria dar la mejor atención a los usuarios. Por lo tanto no existe la labor de supervisión de las enfermeras y por lo tanto sobrecarga derivada.
Pero puestos a responder, diré que es cierto que tanto en la AP como en la Hospitalaria existe una demanda creciente de servicios por parte de los ciudadanos, demanda que soportan de forma equitativa todos los trabajadores de Osakidetza, no sólo el estamento médico. Se protesta por los pacientes (querrán decir usuarios) por cupo, (usuarios que han disminuido a lo largo de los años) y enseguida se pasa al nudo gordiano, que es la reivindicación salarial, citando cifras muy por debajo de las reales (¿o es que el complemento de exclusividad no forma parte del sueldo?). Se quejan de las herramientas informáticas, puestas al servicio de los médicos y enfermeras de AP, y aunque son mejorables, facilitan y mejoran la recogida de datos y con ello un mejor conocimiento y control de los usuarios, herramientas que sirven de control de la actividad y calidad médica y hay médicos a los que no les gusta ser controlados.
La gran mayoría de médicos que conozco de AP están verdaderamente comprometidos con la Sanidad Pública y con los usuarios, no reconociendo en ellos al colectivo médico que su gran sobrecarga deriva de supervisar a las enfermeras, preparar constantemente sesiones clínicas, cobrar poco y hacer un exceso de jornada diaria.