TOLOSA. DV. Compañeros, ex pelotaris y pelotazales coinciden en los elogios a la exhibición que realizó Martínez de Irujo en la final del Campeonato de Parejas del domingo en Vitoria. Discrepan, por contra, en la valoración del juego de Olaizola II. Algunos entieden que tuvo un mal día. Otros consideran que la culpa fue de Irujo, que era imposible detener aquel vendaval.
«Yo soy seguidor de Aimar, pero el domingo salí del Ogueta con la satisfacción de haber visto al Ronaldinho del frontón», nos señaló un aficionado tolosarra ayer en el Beotibar. «Fue un espectáculo, algo memorable».
Miguel Soroa siguió el partido por televisión: «Esta vez ha batido todas las marcas. Velocidad, buen juego... todo. De todas maneras, no estuvo bien Aimar».
Ladis Galarza disfrutó en el Ogueta: «La final me gustó mucho hasta el 11-9. Luego se rompió por la velocidad de Irujo. Es un pelotari incomodísimo para el rival. Aimar se pasó todo el partido reculando. Irujo es peligrosísimo y atosiga con su gancho largo. Lo varía continuamente: a la pared izquierda, al ancho, lo mismo es para el zaguero en el cuadro cinco... No hay nadie con el repertorio de Irujo. Entiendo que Aimar debió coger más riesgos, entrar de aire en lugar de jugar tanto a bote. Y luego está el carácter de Irujo. Pega dos chapas y vuelve a entrar en el tanto siguiente».
Aratz Mendizabal, el pelotari de Zaldibia, apunta que «en el pueblo me dicen que debo ser tan valiente como Irujo. Claro. Ya entraría yo de gancho desde el cuatro si tuviera su poder, su fuerza. Entra y no entrega casi nunca. El problema es que yo no tengo su fuerza».
Jokin Etxaniz, botillero de Irujo y Eulate, destaca «todo el Campeonato de Irujo, no sólo la final. Ya le habíamos visto jugar así con anterioridad. No es la primera vez. Irujo ha dicho 'aquí estoy yo'. Era consciente de que necesitaba la ayuda de Eulate, pero también de que él debía llevar el peso, romper los partidos. Lo comentamos antes del Campeonato y lo ha hecho. En eso, en la toma de responsabilidades, ha crecido como pelotari. Esos saltos de alegría al final eran producto de lo que había conseguido. Era consciente de lo que había hecho».
Etxaniz también estuvo en la cena de los campeones, celebrada en la sidrería La Runa de Pamplona. Comenzó hacia las once de la noche, participaron 140 comensales y dieron buena cuenta del siguiente menú: ibérico, cogollos, revuelto de hongos, rape o cabrito y tarta. El mariachi Diego Quevedo amenizó la fiesta.