Estoy desconcertada. No sé cómo ha podido ocurrirme. El jueves pasado olvidé por completo que Letizia y el Príncipe visitaban San Sebastián. Y ya es el segundo olvido imperdonable que me ocurre en poco tiempo. Primero fue el día de la mujer trabajadora, que ni lo celebré, ni lo comenté, ni nada de nada. Y ahora esto. Espero que en lo sucesivo me crean ustedes cuando digo que ya no soy la misma. Esta es la prueba palmaria de que algo está cambiando en mí. Ya sé que la mala memoria es síntoma inequívoco de vejez, pero tampoco vamos a ser tan negativos. También puede ser astenia primaveral. O sea, de todas las primaveras que acumulan mis esbeltos y delicados hombros, quiero decir. Aseguran que Letizia estuvo sonriente y cercana. Lo que yo pienso es que llevaba un look demasiado sobrio. Chaqueta entallada negra y falda gris. Medias, zapatos y bolso negros. Y como único aderezo, su cada vez más larga melena. Toda ella muy Rania de Jordania en visita oficial. Seguro que le informaron que las donostiarras somos muy austeras y le ha pasado lo mismo que a la vicepresidenta del gobierno en su visita a Mozambique. Que por cierto, estuvo bien que se vistiera de mozambiqueña. Lo que me pareció excesivo es que le acompañara un séquito de 74 personas con cargo al erario público. Aunque no creo que Zaplana repare en este tipo de detalles. Igual hasta le pareció un séquito reducido. O quizás sólo se le olvidó mencionarlo en el Congreso. Creo que todos nos olvidamos sólo de lo que nos conviene.