Domingo, 19 de marzo de 2006
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CULTURA
TEATRO AL MENOS NO ES NAVIDAD
Queda el 'carpe diem'
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Título: Al menos no es Navidad. Autor: Carles Alberola. Compañía: Pentación Espectáculos, Albena Teatro. Intérpretes: Amparo Soler Leal, Asunción Balaguer, Silvia Marty, Alberto Delgado. Dirección: Carles Alberola. Duración: Una hora y cuarenta minutos. Fecha: 18-3-2006

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Las dos ancianas de Al menos no es Navidad viven en una residencia a la que con tono cariñoso e irónico llaman el balneario. Con estas mujeres el autor desea hablarnos de algunos temas bien delicados. Las historias de padres, de abuelos, de hijos y nietos son material resbaladizo porque suelen despertar recuerdos bien guardados, avivan las oportunidades perdidas y anuncian tiempos que nadie desea. No sé si en estos tiempos se trata con mayor desdén a las personas mayores. Ese mensaje es el que más alto suena entre noticias, expertos y la lengua de la calle. Pero fáciles conclusiones de que todo tiempo pasado fue mejor suelen ser eso mismo: fáciles.

Encarna y Sofia viven con sus muchos años y con bastantes mentiras, medias verdades e ilusiones asumidas. Matan el tiempo haciendo un puzzle de la decadente Venecia en mensaje bien claro del aire que ellas respiran. Alberola ha escrito con esos personajes un melodrama que, sin embargo, no consigue emocionar, ni meternos dentro de su mundo de pequeños dolores encadenados. Nos explica con pelos y señales lo que les ocurre, nos deja acompañarlas sin problemas al pasado y nos lanza hacia un final sin sorpresas.

Todo ello lo vemos pasar sin empaparnos con sus tristezas y alegrías. Hay motivo, que dirían compañeros de escenario, para compartir esas emociones que las actrices se empeñan en mostrar, pero no sucede. Y no ocurre porque las situaciones dramáticas, los diálogos, esas pequeñas huellas que van formando a los personajes, están aquí presentadas con escasa imaginación, con clichés, con moldes prefabricados: un poco de abandono, un hijo (o muchos hijos) que poco a nada quieren saber de sus padres; las dosis convenientes de enfermedad, de tristeza, un poco de rebeldía y cierta predisposición a ese carpe diem que es última parada. Todos ellos elementos veraces, pero que aquí no funcionan, crean personajes planos y sin fuerza escénica. Parece uno de esos textos que no acaban de arrancar y que puestos a ello, se les pone el punto final. Puede que por eso las actrices tampoco consiguen salvar la noche. Se contagian del tono a media luz, a lo que también contribuye una dirección que se pierde por las costuras del teatro más convencional.



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