El consejero de Interior se muestra crítico con la dispersión de presos en una reciente entrevista en el DV y apuesta por la «humanización de la política carcelaria». Sin embargo, no parece aplicarse el cuento y hacer extensiva esa «humanización» a su propio ámbito, es decir, al de la forma de afrontar determinadas movilizaciones multitudinarias en Euskadi. Lo ocurrido en Gasteiz el pasado 3 de Marzo supuso una auténtica salvajada y merece una autocrítica contundente por su parte.
En mi caso, si ya el 3 de marzo del 76 me supuso una buena paliza de los «grises», esta rememoración de la masacre me ha supuesto, otra vez, tener que correr delante de la Policía. No me vale la excusa de que había lemas e imágenes que distorsionaban el sentido de la marcha; no se puede disolver una multitud pacífica sin tener en cuenta todos los factores que rodean a la movilización en cuestión y Ud. sabe perfectamente cuáles eran los sentimientos de la inmensa mayoría de los que allí estábamos.
Esta vez se ha pasado y me da la impresión de que lo ha hecho conscientemente, en un intento de demostrar que el Gobierno central puede confiar en Ud. y que, puestos a ser «duros», lo es más que nadie. Actuaciones como la citada son una lacra para la buena imagen de la policía vasca, civil y democrática que este País se merece.