Miércoles, 15 de marzo de 2006
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Un funcionario asegura que Milosevic recibía fármacos de forma clandestina
Un guardía de la prisión de Scheveningen alertó al TPIY de que la vigilancia que se ejercía sobre el antiguo líder serbio era muy deficiente
Un funcionario asegura que Milosevic recibía fármacos de forma clandestina
El hijo de Milosevic sale acompañado por el abogado de la familia del instituto forense de La Haya. [EFE]
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BERLÍN. DV. En medio de una peligrosa polémica en torno a las causas que provocaron el ataque cardiaco que provocó la muerte, el sábado pasado de Slobodan Milosevic, su hijo Marko denunció ayer que su padre había sido asesinado en el centro de detención de las Naciones Unidas en La Haya. Pero la polémica puede terminar convirtiéndose en un escándalo, si se confirman las denuncias de un guardia de la cárcel de Scheveningen, que reveló a las autoridades del Tribunal que MIlosevic recibía, en forma clandestina, medicamentos no autorizados y alcohol.

«No murió, lo mataron», dijo Marko Milosevic a su llegada al aeropuerto internacional de Amsterdan procedente de Moscú, donde vive desde hace seis años. «Se cometió un asesinato», insistió, antes de dirigirse al Instituto Forense de La Haya para recibir el cuerpo sin vida de su padre. Nadie en La Haya quiso comentar la más reciente versión sobre la muerte del ex dictador, que habría sido envenenado, según su abogado Zdenko Tomanovic; o se suicidó, como sugirió en dos ocasiones la fiscal jefe, Carla del Ponte.

El lunes pasado, un toxicólogo holandés, después de confirmar que se había detectado huellas del medicamento Rifampicina en la sangre de Milosevic, sugirió una nueva teoría, según la cual, el ex dictador había consumido la droga para dejar sin efecto el tratamiento contra la hipertensión y así poder viajar a Moscú.

Hasta ayer nadie podía imaginarse cómo Milosevic podría haber obtenido el medicamento, pero un funcionario del Tribunal reveló a la agencia AP, que un guardia de la cárcel de Scheveningen había informado en repetidas ocasiones a las autoridades del Tribunal, que Milosevic tenía acceso con regularidad a medicamentos no prescritos y alcohol.

Vigilar el tratamiento

Según el funcionario, cuyo nombre no fue revelado, el guardia había informado a la Corte que ya no se podía garantizar la salud de Milosevic, pero también reveló que dos médicos habían llegado a la conclusión de que el hombre fuerte de Serbia estaba ingiriendo intencionadamente medicamentos para contrarrestar el tratamiento que recibía a causa de sus problemas cardiacos.

El guardia de Scheveningen, Thymothy McFadden, informó al Tribunal en diciembre y enero que era imposible vigilar el tratamiento de Milosevic debido a las condiciones de su detención y a un régimen especial que le permitía recibir visitas.

Los médicos que elaboraron un informe para el Tribunal especulaban que las medicinas eran introducidas por los visitantes o sus asesores legales, que casi no eran sometidos a un registro por los guardias. Milosevic, quien había asumido su propia defensa, recibió la autorización de trabajar en una pequeña oficina donde podía entrevistarse con testigos y asesores legales, por lo que no podía controlarse el ingreso clandestino de alcohol y medicinas.

Registros incompletos

Confrontada a la nueva denuncia que podría poner en entredicho las medidas de seguridad de Scheveningen y arrojar una sombra de duda sobre la honestidad de los responsables de la seguridad de Milosevic, la portavoz de La Haya admitió que a los visitantes no se les sometía a un registro completo. «El procedimiento normal es que las celdas sean registradas regularmente, pero el resultado de esos registros no es algo que hagamos público», dijo la portavoz, Alexandra Milenov.

¿Una gran chapuza en el Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia? Nadie lo sabe aún, pero mientras se aclaran las dudas, el Tribunal puso fin al histórico juicio que inicio hace cuatro años contra Milosevic durante una breve audiencia donde el presidente de la Corte lamentó que su muerte impidió esclarecer la responsabilidad del ex presidente de Yugoslavia en las guerras de los Balcanes. «Su muerte pone fin a este proceso», señaló el presidente de la Cámara que juzgo a Milosevic, Patrick Robinson.

Pero la fiscal jefe del Tribunal, Carla del Ponte, que había expresado el sábado su frustración por no haber podido hacer justicia a las víctimas del conflicto, fue un poco más lejos y aseguró que la muerte de Milosevic había provocado un «coma» en la Corte de la Haya y que la única forma de revivir el Tribunal era llevar al banquillo de los acusados a Radovan Karadzic y Ratko Mladic.



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