Lunes, 13 de marzo de 2006
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EDICIÓN IMPRESA
MANUEL SOLÓRZANO | ENFERMERO
«Se ha perdido la proyección social que siempre ha tenido el practicante»
Un trabajo suyo sobre el cirujano Francisco Zaragüeta y Linzuain ha obtenido el primer premio de la Sociedad Española de Enfermería Informática e Internet.
«Se ha perdido la proyección social que siempre ha tenido el practicante»
Manuel Solórzano en la consulta de Oftalmología del Hospital Donostia, donde presta sus servicios. [LUSA]
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PERFIL
Nombre: Manuel Solórzano Sánchez (San Sebastián, 1956)

Enfermero: Servicio de Oftalmología del Hospital Donostia.

Trabajos de Investigación histórica: Dispensario para pobres de Santa Isabel, Hospital de Amara, Francisco Zaragüeta y Linzuain, Cien años del Colegio de Enfermería de Gipuzkoa (próxima publicación) y La Maternidad de San Sebastián (en elaboración).

Galardones: Sendos premios de la Sociedad Española de Enfermería Informática e Internet, al mejor artículo o trabajo de enfermería publicado electrónicamente por El dispensario para pobres de Santa Isabel, y por Francisco Zaragüeta y Linzuain.

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SAN SEBASTIÁN. DV. Manuel Solórzano trabaja como enfermero en el Servicio de Oftalmología del Hospital Donostia, pero compagina su actividad profesional con la investigación histórica. Fue precisamente hace diez años cuando el prestigioso oftalmólogo José Luis Munoa le animó a desentrañar la historia de la enfermería en Gipuzkoa, un mundo por descubrir, puesto que apenas se han publicado investigaciones, y un universo de personajes e instituciones singulares que merecen ser rescatados del ostracismo. En ello está Solórzano. Primero buceó en la historia del Dispensario Médico de Santa Isabel, ubicado en el barrio donostiarra de Gros, que funcionó entre 1909 y 1960; más tarde hizo un pequeño ensayo sobre los orígenes del Hospital de Amara; el tercero fue una monografía en torno a la figura del cirujano Francisco Zaragüeta y Linzuain, sanitario que ejerció la mayor parte de su profesión en Hernani y, tras una intensa y no exenta de dificultades vida laboral -ejerció en plenas guerras carlistas-, decidió jubilarse a los 78 años, seis antes de su fallecimiento. Ahora, Solórzano acaba de terminar el libro de los 100 años de la enfermería en Gipuzkoa, que se publicará en breve, y se encuentra inmerso en una nueva investigación histórica sobre la Maternidad de San Sebastián y, más concretamente, sobre la vida de una matrona que trabajó allí, cuyo nombre de momento prefiere no desvelar y que actualmente tiene 93 años.

Pues bien, el esfuerzo de Solórzano se ha visto reconocido en dos ocasiones. Si hace casi tres años la Sociedad Española de Enfermería Informática e Internet (SEEI) le concedió el premio al mejor artículo a su recopilación sobre El Dispensario Médico de Santa Isabel, ahora esta misma entidad le ha concedido también el máximo galardón por el estudio en torno a la figura de Francisco Zaragüeta y Linzuain. Se convierte así en el único investigador que consigue dos primeros premios de la SEEI.


- ¿Qué le llevó a profundizar en la vida del cirujano de Hernani?

- Precisamente me animó su biznieto, Vicente Zaragüeta, actual presidente del Aquarium. Me habló de él y acepté el reto.

- ¿Por dónde comenzó?

- Eché mano de la genealogía del apellido Zaragüeta, acudí al archivo parroquial de Hernani, me topé con una tesis doctoral sobre la historia de la medicina en esta villa y, naturalmente, acudí al archivo municipal.

- Y terminó descubriendo una singular biografía.

- Sí, porque la vida profesional de Zaragüeta fue realmente movida. Le tocó trabajar durante las guerras carlistas y hacer todos los cometidos sanitarios que fueran precisos, incluso los que hubieran correspondido desempeñar al médico; y durante años mantuvo un pulso con el Ayuntamiento en demanda de que le abonase los honorarios que le dejó de pagar y que le debía por su trabajo, a veces sin descanso.

- El tiempo del que hablamos transcurre a principios del siglo XIX.

- Zaragüeta, aunque residió en Hernani la mayor parte de su vida, nació en 1796 en el municipio navarro de Espinal. Cursó estudios de Cirugía en el Colegio de Cirujanos de Navarra y obtuvo el título en la Universidad de Zaragoza en 1821. Una copia del título se conserva aún en el archivo municipal de Hernani y en la misma constan datos tan curiosos como que el comité examinador determinó concederle la titulación, tras haber aprobado los estudios, y tras «haber prestado juramento de defender el misterio de la Purísima Concepción de la Virgen Nuestra Señora, de usar bien y fielmente su facultad, de guardar secreto en las cosas convenientes, y de asistir de limosna a los pobres de solemnidad»...

- ¿Cuándo se asienta en Hernani?

- En 1826. Queda libre la plaza de cirujano y Zaragüeta compite por ella con otros diez candidatos. Todos ellos cumplían los requisitos exigidos, entre ellos que tuvieran un mancebo sangrador y «poseer la lengua vascongada». Al final, la plaza fue para Francisco Zaragüeta. Cinco años antes se había casado con Juana Josefa Larrarte, nacida precisamente en Hernani, con quien tuvo seis hijos, el tercero de los cuales, Juan Fermín, fue sacerdote y murió como misionero en Venezuela. Su mujer falleció con 42 años en 1841, pero tres meses después contrajo matrimonio en segundas nupcias con Vicenta Joaquina de Fernández Ayarragaray y entre los hijos que tuvieron cabe destacar a Policarpo Zaragüeta y a Manuel Zaragüeta, este último padre del ilustre filósofo Juan Zaragüeta Bengoechea.

- ¿Qué función ejercían entonces los cirujanos?

- Eran los antiguos menestrantes o practicantes, que no eran médicos, pero hacían de todo: curaban heridas, asistían a los partos, practicaban cirugía menor, realizaban sangrías y, en fin, suplían al médico cuando éste no estaba. Además, los cirujanos debían poseer barbería y tenían la obligación de rasurar gratuitamente. No les faltaba actividad, día y noche. Precisamente, en la renuncia a su cargo, Zaragüeta expresa que ha tomado esta decisión debido «a su avanzada edad y a los achaques que ha contraído en su penoso y no interrumpido servicio, ni de día ni de noche»...

- Eran otros tiempos, muy distintos a cómo se ejerce la profesión ahora.

- Sí, precisamente fue una ley de 1857 la que suprimió la enseñanza de cirugía y estableció las condiciones para acceder a la profesión de matrona y practicante. Es decir, desaparece en ese momento la función de los cirujanos-menestrantes y surge la figura del practicante.

- Una figura que también ahora ha desaparecido, absorbida por el título de enfermería.

- Sí, la profesión de practicante estuvo muy extendida y se diferenciaba de la enfermería en que a los practicantes, hombres o mujeres, se les exigía bachiller y dos años de práctica y estudios en hospital, lo que no hacían las enfermeras. La evolución ha sido tremenda. Ahora tenemos titulación universitaria y contamos con nuestros propios métodos de investigación, incluso conseguiremos que los estudios se conviertan en licenciatura, pero sí es cierto que se ha perdido la proyección social que siempre ha tenido el practicante.

- Hasta ahora no se ha hecho demasiada investigación histórica en torno a la enfermería.

- No, no, y además ofrece unas posibilidades enormes. Hay muy pocos datos y a ello contribuyó en San Sebastián el incendio de 1813. Somos muy pocos los que nos dedicamos a buscar en la historia.

- Los premios son un aliciente.

- Cierto. Ya tengo dos y ahora voy a por el tercero con la historia de la matrona de la antigua Maternidad de San Sebastián.



MÁS INFORMACIÓN I www.enfersalud.com/zaragueta



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