TOLOSADEA. DV. «Por el momento no creo que vaya a volver a participar en otro maratón porque dudo que me dé las satisfacciones que me ha ofrecido éste». Con esta afirmación resume el corredor tolosarra Ion Díaz su primera experiencia en el VI maratón saharaui, que ha coincidido además, con el 30 aniversario de la proclamación de la República. Pero Ion no acudió solo, sino que contó desde un principio con la ayuda y el apoyo de la Asociación Tolosaldea Sahararekin y la compañía de dos de sus miembros, Gregorio Eizagirre y Aitziber Malkorra.
La experiencia tuvo lugar entre los días 24 y 28 del pasado mes de febrero, y aunque el viernes, día 24, tuvieron que esperar once horas para la salida del avión en Madrid, el viaje sin duda mereció la pena. En el mismo aeropuerto tuvieron la oportunidad de conocer a las personas que acudieron desde Ormaiztegi, en concreto a Garazi de padre saharaui y su amiga, a un concejal del Ayuntamiento y al corredor Iñaki Amundarain con el que Ion entabló una buena amistad, y que dicho sea de paso, logró el segundo puesto y casi a la par que el primero en la carrera».
«Llegamos el sábado por la mañana y nada más poner pie en tierra, justo cuando amanecía, nos recogieron en un Land Rover para dirigirnos al campamento Aaiun. Lo primero que hicimos fue dejar el equipaje en una de las haimas para salir a disfrutar del desfile infantil, donde se encontraban también las autoridades. Allí, participaron los alumnos de la enseñanza básica, y otros algo mayores de enfermería, medicina y artesanía a los que acompañaban unos cuantos en bici que llamaron nuestra atención porque iban vestidos de naranja con el niqui de Euskaltel». Estos son los primeros recuerdos que guarda Ion de su estancia en el Sahara, y que después seguiría enriqueciéndose de ellos.
Caminos separados
A partir de ese primer día, después de haber comido y descansado un rato, a los corredores les trasladaron al campamento de Smara y, en el caso de Ion, ya no volvió a ver a sus compañeros de la Asociación de Tolosaldea hasta su regreso.
La primera impresión al poner pie en los campamentos, según cuenta Ion, es que «se te cae el alma a los pies y no acabas de entender cómo es posible que puedan vivir en aquel lugar en mitad de la nada».
Algo que también pudo constatar junto a los demás corredores cuando les llevaron a visitar las escuelas de enfermería, donde se podían apreciar las consecuencias de las últimas inundaciones que han derruido casi todo, y donde a pesar del desastre seguían impartiendo clase a los dos primeros cursos.
Ion recuerda que aquella misma tarde, la organización del maratón alojó a los corredores con diferentes familias, y allí tuvo la oportunidad de conocer a un periodista de Soria, Abel Antón, que también cubrió el evento y que fue campeón del mundo de maratón. «Las familias nos hicieron un recibimiento formidable. Te dicen, siéntete como en tu casa. Son tremendamente hospitalarios a pesar de la precariedad con la que viven y te ofrecen todo lo que tienen y más, pero no te hacen notar las carencias y la falta de todo», expresa Ion Díaz.
Pero sin duda, lo que más llamó su atención fue la tranquilidad con la que viven, sin prisas, sin ansiedades, sin estrés. «Sólo hay que ver cómo toman el té, dice el corredor, es una infusión muy buena que preparan tres veces seguidas cada vez de forma diferente. Ellos dicen: el primer té es amargo como la vida, el segundo dulce como el amor y el tercero suave como la muerte. Y todo ello supone un ritual que puede llevar más de una hora y media, algo que para nosotros sería impensable», destaca Ion.
«El primer día nos acostamos temprano porque la noche anterior apenas habíamos dormido -continúa-, y a la mañana siguiente conocimos a dos atletas catalanes que llegaron en el siguiente vuelo y fueron con los que anduvimos hasta volver». Ese mismo día en una rueda de prensa de la organización, comenta Ion, «nos inscribimos en la carrera y aprovechamos para andar por el campamento y vimos un proyecto de un polideportivo a punto de acabar. Todos los niños nos pedían caramelos y suerte que La Caixa nos dio una bolsa grande que pudimos repartir».
El lunes, mientras que los miembros de Tolosaldea Sahararekin estuvieron presentes en los festejos del aniversario en los territorios liberados de Tifariti, los corredores visitaron el mercado, lleno de comercios e incluso carnicerías, y por la noche acudieron a la fiesta de la pasta, donde recibieron las instrucciones del maratón. «Estaban bastante preocupados porque el año pasado se perdieron 7 personas por causa de una tormenta de arena que se levantó y este año casi no nos dan la salida por el viento», señala Ion Díaz. Asimismo recuerda que ese mismo día por la tarde, asistieron a la carrera infantil, en la que los niños corrieron descalzos, al mismo tiempo que Unicef celebraba otras carreras a favor de la causa saharaui en Addis Abeba (Etiopía) y en Katmandu (Nepal).
Llenos de esperanza
Tras su paso por el Sahara, Ion sa-ca algo en claro. «Llevan esperan-do treinta años y puede que tengan que esperar otros treinta, pero no pierden la esperanza. Estudian carreras en otros países y vuelven a sus casas donde quizá nunca desempeñen su profesión. Ellos esperan el día de la liberación, como si fuese mañana mismo o dentro de otros treinta años».