Sábado, 11 de marzo de 2006
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CULTURA
ANÁLISIS POR FÉLIX MARAÑA
Palabra y tesón
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Si algo destaca en el conjunto de la obra de Elías Amézaga (1921) es su tesón, intención y fervor por la palabra. Destaca de inmediato la forma generosa de su entrega a una tarea en la que ha resaltado, sobre todo, la tarea de los demás. Resalta el conjunto de su obra pro diccionario, con varios volúmenes. Amézaga es autor de dos tomos, Los vascos, en los que sobresale vindicación de los vascos que en la historia hicieron su obra en castellano. Nadie, hasta Elías, lo había hecho así. Poco serían esos dos volúmenes -que ya es mucho, porque en ellos están todos los grandes escritores-, si no se tiene en cuenta que Amézaga wa autor de otros ocho volúmenes enciclopédicos que, con el título de Autores Vascos, ofrecen una amplia información, tanto del más conocido como del más ignorado de los autores, aunque sólo hubieran escrito en vida media página.

El profesor Emilio Palacios ha destacado el carácter prolífico y abundante de este publicista bilbaíno, celebrando su existencia como hombre apasionado y amante del País, y, con atrevido exceso, calificándole de 'tesonudo'. Aunque pueda parecer palabra mal sonante, sirve para certificar la constancia con que Amézaga se ha entregado, no sólo a su obra teatral -representada en media Europa- sino a su obra de publicista. En una biografía que realizó sobre él Marrodán, Elías Amézaga, escritor del Pueblo Vasco -que prologó Oteiza (1990)-, abundante y algo excesiva, no se hace mérito a algunas de las aportaciones más preclaras de Amézaga.

Destaquemos la atención dedicada a los escritores del 98 y, aunque cometió algún error en el encaro de Unamuno, hay que resaltar su fervor por el conjunto de su obra, y otras aportaciones a escritores del 98, como José María Salaverría. Amézaga realizó la edición para El Tilo -esa joya del libro que inventó Ortiz Alfau- del conjunto de artículos que el donostiarra Salaverría dedicó al empuje económico e intelectual de Bilbao. En ese tipo de estudios es donde está la mejor parte de la obra documental de Amézaga, como lo está en la aportación que hizo sobre el periodista Tellagorri, sobre Pelay Orozco, sobre Arteche, sobre tantos nombres de escritores vascos y particularmente guipuzcoanos. Porque Amézaga fue la única representación de Vizcaya en la Universidad Ambulante de La Academia Errante, que convocó en perdidas ventas guipuzcoanas Jaka Legorburu. Su ensayo sobre Van Gogh es una muestra de su literatura desbordante y abocada a la ternura, incluso en el exceso.



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