NUEVA YORK. DV. Con la imagen de la soldado Lynndie England sujetando una correa canina de la que pendía un desfallecido preso iraquí desnudo y tirado en el suelo todavía en la cabeza de muchos, Estados Unidos anunciaba ayer el cierre de su prisión iraquí de Abú Ghraib. Una decisión que se llevará a cabo en los próximos tres meses y que provocará el traslado de 4.500 presos a otros centros penitenciarios a lo largo del país pérsico. Una medida con la que, asimismo, se pretende acabar con los fantasmas de abusos y vejaciones que se cernieron sobre Estados Unidos cuando a comienzos de 2003 se descubrieron los primeros indicios de maltrato llevados a cabo por la 372 Infantería de Policía Militar estadounidense en el recinto carcelario. Desde entonces, el escándalo ha salpicado a agentes de la CIA, contratistas y al Ejército de otros países, como Inglaterra.
Curiosamente, el aviso de la clausura de la prisión de triste recuerdo se produjo un día después de que Estados Unidos diera a conocer su informe sobre los derechos humanos en el mundo.
Casi 15.000 reclusos
Cuando se formalice esta decisión, las instalaciones y edificios de Abú Ghraib pasarán a formar parte del Gobierno iraquí. Actualmente, Estados Unidos ha detenido alrededor de 14.589 personas que tiene repartidas en cuatro recintos carcelarios a lo largo del país. Más de la mitad se encuentran retenidos en Camp Bucca, en el sur de la región de Bagdad.
Por su parte, Donald H. Rumsfeld anunció ayer que una hipotética guerra civil en Irak sería reprimida por las propias fuerzas de seguridad locales «hasta donde sean capaces de actuar» y no efectivos norteamericanos.El secretario de Defensa estadounidense fue instado a explicar el plan militar en el caso de que el estallido de la violencia sectaria desembocara en una contienda fraticida. n