Hay días en que el buscador de conchas se siente analfabeto funcional. Por ejemplo, en la calle Prim, ante un establecimiento de videojuegos, mundo del que desconoce hasta su jerga básica.
Se habrá quedado obsoleto para las novedades, aunque también para cosas de siempre. El escaparate de Casa Erviti, en El Buen Pastor, suma decenas de objetos incomprensibles para los no iniciados: hierritos, piezas de madera, limpiadores para instrumentos de arco, resinas made in Germany, apoyapulgares, lubricantes para trombones, extraños botes cuyo contenido sólo entenderán los especialistas. Hay otros mundos, pero están en este.