Ya son cinco años los que han pasado desde aquella fatídica noche pero la recuerdo como si hubiera sido la de hoy. Recuerdo las imágenes que vi, las palabras que escuché y las que dije. Recuerdo las caras de los que nos tocó vivir aquella madrugada del 9 de marzo. Recuerdo todo lo que sucedió en los días siguientes a aquel viernes.
Son recuerdos que me acompañarán y nos acompañarán a todos los que afortunadamente tuvimos algún tipo de relación con Iñaki. Iñaki Totorika, nuestro amigo. Aquel amigo con tantas ganas de vivir y de disfrutar de la vida que aquella noche se encontraba cumpliendo con su trabajo, retirando un maldito contenedor en el peor de los sitios y en el peor de los momentos. Con esta oportunidad que se me brinda, no es mi intención hoy contribuir a que la tristeza de sus amigos ni mucho menos que la de su familia sea aún mayor, sino evitar que su nombre caiga en el olvido en la medida en que pueda hacerlo. Y por encima de estas dos cosas, lo que quiero es dar un abrazo a sus padres y hermanos y decirles que nosotros nunca le olvidaremos tampoco. Que aunque llevemos nuestra propia vida y nuestro dolor no sea comparable al de ellos, siempre tendrá su sitio entre nosotros. En definitiva, decirles que estamos con ellos y darles ánimos para continuar, aunque eso es algo que ya lo habrá conseguido alguien mucho más joven que nosotros y sin necesidad de decir ni una palabra.