Jueves, 9 de marzo de 2006
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CONTRAPORTADA
PLAZA DE GIPUZKOA POR IÑAKI BERRIO
Alioli
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Hay una casa o casal o Espai de Catalunya (calle García Lorca, qué gusto da citarla), un par de bares en Gros de inspiración catalana (Kostalde y Petit Pais, que uno conozca) y aún puede verse una exposición sobre presencia vasca en Cataluña, en la Ernest Lluch. Pujol ha hablado el martes en Aiete. Actualidad del Estatut y éxitos del Barça. «Visca, pues» sería un buen eslogan para la última hora. Por circunstancias diversas, tuve ocasión de conocer desde niño la Cataluña profunda, y me declaro un enamorado admirador de esa tierra. El simple olor del all i oli me pone perdidamente nostálgico. Y de hecho, siempre que puedo me hago pasar por catalán.

La Barcelona editorial, rumbera y modernista, fue para muchos de mi generación, más que un destino grande, escapatoria del podrido burgo. Tal vez también para el alcalde donostiarra, que tanto se mira en ella. Así en el fútbol como en la política, perdura una especie de solidaridad periférica, prejuicio anticentralista, por más que Madrid contenga a todas las Españas. En realidad, no percibo ni más ni menos afinidades entre el temperamento y las costumbres de ambos pueblos, el vasco y el catalán, que las que puedan compartir dos gotas de sus dos mares. Con todo, la simpatía es latente y loable toda intención de hermanarse. Pero estas líneas desordenadas de hoy sólo son el pretexto para recomendar encendidamente la deliciosa lectura de Josep Pla, catalán controvertido y con boina (como nuestro Baroja) y uno de los prosistas más penetrantes del pasado siglo. Lo demás son puñetas.



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