Jueves, 9 de marzo de 2006
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CONTRAPORTADA
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El caso de la familia jurásica
El descubrimiento de una familia kurda que se desplaza 'a cuatro patas' abre un debate entre los científicos que creen haber encontrado el eslabón perdido
El caso de la familia jurásica
Cuatro de los miembros de la familia kurda se desplazan sirviéndose de las piernas y apoyados en las palmas de las manos. [BBC/TV]
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Es muy poco probable que los individuos cuadrúpedos hallados en una aldea de Turquía sean el «eslabón perdido de la evolución humana» como apuntaban ayer algunos científicos británicos, ya que la anatomía de estas personas es «muy distinta» a la de los antepasados del homo sapiens, en opinión de científicos españoles consultados ayer. Una familia, descubierta en el Kurdistán turco el pasado mes de julio, cuyos miembros andan «a cuatro patas» es objeto de un documental de la BBC que se emitirá el día 17. Dos miembros de la familia nunca han conseguido marchar utilizando sólo las piernas, mientras que otros pueden caminar como el resto de los humanos pero sólo trechos muy cortos.

El paleobiólogo del Museo de Ciencias Naturales, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Antonio Rosas se mostró «muy escéptico» acerca de que este descubrimiento aporte «las claves de la transformación evolutiva». Esos individuos -dice el científico- son «anatómicamente iguales» a los seres humanos de hoy y poseen piernas mucho más largas y brazos más cortos de los que tenían los hombres cuadrúpedos hace unos seis millones de años. De este modo, apuntó, el movimiento de estas personas incapaces de caminar erguidas es distinto de cómo se produjo durante la evolución de la capacidad locomotora del hombre, y resulta «incómodo y afuncional». El ser humano cuadrúpedo era similar anatómicamente al chimpancé y otros primates, y poseía del mismo modo, piernas cortas que hacían fácil la movilidad a cuatro patas, y brazos muy largos con los que se ayudaba para caminar. Además, apoyaban los nudillos de las manos en el suelo para desplazarse, a diferencia de lo que realizan los «individuos de Turquía», que caminan con las palmas de las manos apoyadas sobre la superficie sobre la que se desplazan.

A juicio del científico, se trata de un caso «comparable al de un perro u otro animal que anduviera a dos patas», es decir, ante un síndrome genético que da lugar a una disfunción. Rosas consideró que es «difícil» que una sola mutación genética sea suficiente para provocar cambios tan importantes y añadió que el descubrimiento quizá pueda revelar nuevos datos sobre la relación de los diferentes sistemas del organismo humano. En este sentido, dijo, un síndrome genético es capaz de provocar disfunciones en distintos órganos y sistemas, de forma que, por ejemplo, una capacidad intelectual reducida sumada a una deficiencia en la articulación del lenguaje podrían haber alterado la función locomotora.

De cualquier modo, la polémica está servida.



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