Miércoles, 8 de marzo de 2006
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La puerta para entrar en el nirvana
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NUEVA DELHI. Benarés es la ciudad sagrada India por excelencia, donde a todos los creyentes hinduistas les gustaría morir para liberarse del ciclo de las reencarnaciones y entrar directamente en el nirvana. Aunque en el país existen otras seis ciudades sagradas para el hinduismo, Benarés es el centro de peregrinación más importante para millones de devotos, que acuden, al menos una vez en la vida, a orillas del Ganges para purgar sus pecados bañándose en las turbias aguas del río.

En esta ciudad descansa según la tradición una de las cinco cabezas de Brahma, el dios creador en el vasto panteón, y de ahí su categoría de ciudad santa. También los hinduistas creen que la mano izquierda de Sati, una de las reencarnaciones de Shiva, el dios destructor, cayó en la ciudad y por ello hay templos de cada una de estas divinidades.

Además, Benarés no es sólo ciudad santa para el hinduismo, sino también para los budistas, ya que fue aquí donde por primera vez Buda, el príncipe Siddarta Sakyamuni, pronunció un sermón ante sus cinco discípulos tras alcanzar la iluminación.

Alberga además una mezquita musulmana, Aurangzed, cuya destrucción es reclamada por los integristas hindúes por hallarse en una ciudad sagrada para su religión. Pero, ante todo, es donde los hinduistas van a morir.

Ancianos y enfermos acuden en masa a pasar sus últimos días en la ciudad santa y se alojan en las numerosas residencias que albergan a los moribundos a orillas del Ganges, lo que a veces le da un aire intimidatorio a Benarés.

En la vera del río también se encuentran muchos centros crematorios, donde se queman los cuerpos de los devotos antes de alcanzar el nirvana, librándose de esta manera de la única atadura a la vida terrenal.

Aquellos que no van a morir terminarán su peregrinación a orillas de los más de cien 'ghats' que existen en la ciudad, esas escaleras de piedra que descienden hasta el río donde los devotos se purifican. Al amanecer, los fieles arrojan sus 'pujas' al agua: bolitas de anís, flores y comida, en un solemne tributo al dios del sol, Surya. AGENCIAS



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