Martes, 7 de marzo de 2006
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CRÍTICA DE TV
‘Ketchup’
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El informativo semanal de Telecinco, ‘El buscador’, salió este domingo a la calle para preguntar a la gente qué le parece que Las Ketchup hayan sido elegidas como representantes de TVE en el próximo Festival de Eurovisión. En las respuestas había de todo, pero uno se quedaba con una impresión llamativa: en general, a la gente este asunto le importa un bledo. ‘El buscador’ había ido a hacer sangre, como es natural: contrapuso los mecanismos de selección de anteriores ediciones, subrayó la leve arbitrariedad de la selección presente y sobre todo, argumento letal, dio a leer algunos párrafos de la canción seleccionada, que es de las que quitan el aliento por su perfecta trivialidad. Pero aun así, a pesar de semejante pliego de agravios, la atmósfera general era de completa indiferencia. ¿Las Ketchup? Muy bien: ¿Y qué más da?
Uno de los grandes triunfos de Eurovisión, cuando lo hay, es convencer a la gente de que este festival es verdaderamente importante. Así se explica que en tales o cuales lugares se viva una cierta efervescencia popular en torno a la competición. Esto hace tiempo que en España no pasa, y por buenas razones. Entre ellas, que el público ha dejado de vincular la honrilla nacional a las hazañas de nuestros artistas en este tipo de escenarios. De manera que el festival de Eurovisión, en España, seguirá siendo un espectáculo televisivo de cierto fuste, pero distará mucho de ser ‘un acontecimiento’.
Por el contrario, en los países recién incorporados a la Unión, en naciones de lenguas minoritarias, con una industria discográfica rudimentaria o con problemas de adaptación al mundo globalizado, el festival de Eurovisión será un acontecimiento de primera importancia, porque pocas veces más podrá gozar de alguna visibilidad internacional. Como ocurría en España hace 25, 30, 35 años. A pesar de los denodados esfuerzos de nuestro Gobierno, hace tiempo que España ha dejado de ser Turquía. Esto, ciertamente, tampoco justifica que el mascarón de proa del pop nacional sean Las Ketchup. Pero qué se le va a hacer: lo que la globalización no ha borrado es la tendencia nacional a la horterada; este es un rasgo étnico que perdurará.



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