Martes, 7 de marzo de 2006
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MUNDO
ANÁLISIS POR ENRIQUE VÁZQUEZ
Las esperanzas de Baradei
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La Agencia Internacional de Energía Atómica confirmó este lunes que Irán no se ha avenido a congelar toda actividad de enriquecimiento de uranio, como le pidió el 4 de febrero una resolución, pero entiende que aún hay tiempo para llegar a un acuerdo, y tampoco confirma que busque armas nucleares.

El extendido pronóstico de que Mohamed al-Baradei, el acreditado director general de la AIEA, nadaría en una vía media y fomentaría un acuerdo «in extremis» se confirmó en Viena: «Estoy muy esperanzado con la posibilidad de alcanzar un acuerdo la próxima semana». La incógnita es por qué, tras jornadas interminables de negociación entre las partes (Irán, Unión Europea y Rusia) no se alcanzó ya tal arreglo.

Una explicación podría estar en la agenda del ministro ruso de Asuntos Exteriores, Sergei Lavrov, que hoy llega a los Estados Unidos para sostener reuniones con el gobierno norteamericano (Bush incluido) y el secretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan. Es obvio que el programa nuclear iraní será la prioridad central de su trabajo allí y que él entiende convencer a Washington.

¿Convencerle de qué? De lo que se percibe cada día más como la clave de todo acuerdo: permitir que Irán prosiga el enriquecimiento de uranio a la muy pequeña escala en que lo hace ahora en Natanz con fines de investigación, contra una moratoria de dos años o algo más en su plan de enriquecimiento a escala industrial. El plan ruso-iraní de producir en suelo ruso el combustible necesario para sus centrales se mantendría y ambas actividades estarían bajo estricto control de la Agencia.

Mohamed Al-Baradei había sugerido indirectamente que, antes o después, el mundo debería acomodarse a vivir con pequeños programas de enriquecimiento del uranio y algunos medios incluso en los Estados Unidos creen que, con su acuerdo atómico con la India, Washington se ha privado de argumentos de peso para prohibir en algunos contextos lo que autoriza y apoya en otros.

Valorar si este arreglo mediocre es una solución a largo plazo es lo que espera la UE -y, más allá, la opinión internacional- de Washington, donde una línea dura que encarnó muy bien de nuevo el embajador en la ONU John Bolton en un discurso el sábado, están por la confrontación. Un matiz de peso es que su alocución se dirigía a la asamblea de la AIPAC, el más importante grupo de presión israelí en los Estados Unidos



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