¿Y venga a retorcerte los dedos!. Y ahora los arpegios. ¿Venga, y venga , hasta que al final ¿tatachán!: MILAGRO, ya sé tocar La Polka, Gavota o, lo mejor, un pasodoble. Así era Félix Aranzabal, nuestro querido Félix. Maestro de maestros, ¿claro que sí!. Pedro Palacín, nuestro campeonísimo y maestro acordeonista, lo ha defendido a capa y espada.
Siempre que le veía a Félix, bien acompañado por sus hijos en sus particulares kalejiras por la 'Dos de Mayo' de siempre, le cogía de la mano y le decía: «Buendía naiz. Zer moduz, Félix?». Ciego como era él (eso de invidente siempre me ha parecido petulante; por algo era conocido como el ciego de Angiozar), era una forma de situarle, de decirle gracias por su dedicación, gracias por el solfeo de su inseparable mujer e hijos.
No me gustan las comparaciones ni subir a nadie a los altares , pero creo que Félix, benetan, merecía (y merece) un mínimo detalle de su ciudad para recordarlo como fue: un 'Maestro' de maestros.