Para la mayoría, la Biblioteca Foral de Gipuzkoa ubicada en el centro cultural Koldo Mitxelena de Donostia es un espacio de consulta, de lectura o de préstamo de productos culturales, pero tiene también una dimensión que se extiende a toda Gipuzkoa y le atribuye responsabilidades que van más allá de la difusión cultural.
- ¿La Biblioteca Foral de Gipuzkoa es una biblioteca ordinaria?
- Además de ser un centro de lectura, es la cabecera del sistema bibliotecario guipuzcoano, que tiene que contribuir a organizar, y tiene también entre sus funciones específicas más importantes la recuperación y la gestión del patrimonio y la memoria bibliográfica de todos los guipuzcoanos.
- Una función que, casi por definición, desarrollan las bibliotecas nacionales...
- Así es, pero eso es algo de lo que en Euskadi carecemos. Cataluña, por ejemplo, creó su biblioteca nacional a principios del siglo XX, algo que aquí no se hizo. Tradicionalmente, la función de las bibliotecas nacionales en esa dimensión patrimonial la han desarrollado y la siguen desarrollando las bibliotecas forales de Gipuzkoa y Bizkaia y la Fundación Sancho en Sabio en Álava, así como, en determinados períodos, algunas bibliotecas municipales grandes como la de San Sebastián.
- ¿Y eso no es un poco caótico?
- Es cierto que el conjunto se ha gestionado en ocasiones de modo un tanto desordenado y que se han producido algunas situaciones extrañas, pero en general la coordinación funciona bastante bien a efectos de preservar la memoria y el patrimonio bibliográfico, que es de lo que se trata.
- Gestionar y enriquecer ese patrimonio, así como el patrimonio documental que custodian los archivos y el patrimonio etnográfico, tiene también una dimensión física. ¿Tienen las colecciones espacio para seguir creciendo?
- En el caso de la Biblioteca, hay verdaderos problemas de espacio que sus responsables resuelven como pueden. En cuanto a los archivos, en el de Tolosa todavía hay sitio, pero no podemos olvidar que Euskadi es la única comunidad autónoma que todavía no tiene transferidos los archivos del Estado, una competencia que no tardará en llegar y que generará nuevas necesidades. En ese sentido, en las nuevas instalaciones del Archivo Histórico Provincial de Guipúzcoa que el Ministerio de Cultura construyó en Oñati hay más de veinticinco kilómetros de estanterías vacías que podrían ser de gran ayuda para reordenar y conservar el patrimonio en las mejores condiciones.