Pinotepa Nacional. Así se llama el municipio costero del estado mexicano de Oaxaca, al sureste del país. Pinotepa significa en mexicano «hacia el cerro desmoronado». La palabra, semánticamente rica, alude también a «la casa desmoronada». Ciertamente, el desmoronamiento del porvenir de muchas personas es un hecho real en Pinotepa Nacional. Pues bien, es en ese pueblo y en sus habitantes en quienes Caritas de Gipuzkoa ha puesto sus ojos. Su propósito es contribuir a levantar el hogar de una comunidad equivalente al 15% de la población guipuzcoana.
Antes de adentrarme por tierras mexicanas, quiero hacerme eco de un hecho por el cual 30.000 personas han podido seguir contando con un hospital, el único centro sanitario en 300 kilómetros y que estaba a punto de cerrar sus puertas. Es un hospital en Eritrea, del que se encargan las Hermanas Carmelitas de la Caridad. Hace un año, por estas fechas, la Diócesis hizo una llamada a la comunidad cristiana para salvar el hospital. El artículo publicado en este mismo periódico clamaba, más que decía, «¿Un euro al día para Eritrea!». Y el hospital tiene vida por algunos años. La Diócesis recaudó cerca de 200.000 euros. Es motivo de alegría y agradecimiento a tanta gente de buen corazón.
Y ahora Caritas vuelve a llamar. De África pasa a América. En cooperación con la ONG mexicana Fundación Leon XIII, el organismo diocesano constata el deterioro constante del pueblo de Oaxaca. En Pinotepa Nacional viven 44.000 habitantes -el 51% son mujeres-, en su mayoría pertenecientes a pueblos indígenas y afromestizos. Su medio de vida principal es la agricultura. Pero difícilmente viven de ella. La baja productividad de los terrenos agrícolas, la falta de apoyo a las producciones familiares, la escasa oferta de empleo, la insuficiente formación laboral y la degradación de los recursos naturales con un grave problema de deforestación, unida a la insuficiente formación laboral, se convierte en una cadena de la que difícilmente pueden liberarse los hombres y mujeres que habitan aquella región de Oaxaca. Esta situación que se deteriora día a día no perdona a los más débiles: el hambre se apodera de mujeres embarazadas que dan a luz a niños con menos peso de lo normal, y la mortandad infantil aumenta. Y a todo ello se le añaden las consecuencias de los fenómenos climáticos extremos que asolan aquellas latitudes, como el huracán Stan.
Una de las consecuencias de este círculo perverso es la elevada emigración: cuatro de cada diez personas pertenecientes a estas comunidades indígenas y afromestizas se ven obligadas a abandonar sus casas para buscar trabajo.
Ante este cuadro, la Iglesia de Gipuzkoa quiere dejarse afectar por aquellas gentes necesitadas, inmersas en la pobreza y en la marginación. En este tiempo de Cuaresma recién iniciado, la Diócesis de San Sebastián se dispone a realizar, por otro año consecutivo, un Gesto solidario a favor de las personas necesitadas de aquel pueblo mexicano: destinar el 1% de sus ingresos anuales para apoyar proyectos de desarrollo en Oaxaca. Cuando digo «sus» me refiero al Obispado, a los organismos diocesanos, parroquias, comunidades religiosas... y a las familias de la comunidad cristiana de Gipuzkoa o personas individuales con recursos suficientes.
El objetivo concreto que persigue este Gesto de solidaridad coordinado por Caritas es la construcción de un Centro de Capacitación y Promoción Social, para que los propios habitantes de la ciudad sean los promotores e impulsores del desarrollo de su tierra. El Centro contribuiría a responder a las necesidades de seguridad alimentaria y generación de ingresos de los habitantes de las poblaciones indígenas, mediante la formación en economía comunitaria, promoción social y humana con especial atención a la mujer, al cuidado y buen aprovechamiento de los recursos naturales.
El coste de este Centro de formación integral ronda los 200.000 euros. Es decir: bastaría con que 10.000 personas de las comunidades cristianas de Gipuzkoa, junto con los hombres y mujeres que así lo deseen, aporten 20 euros. Lo que pagamos por una cena en algún restaurante en un fin de semana puede ser la primera piedra sobre la que se construya este Centro. De él depende el futuro de muchas personas, hermanos y hermanas nuestros. Puede ser una buena noticia para el pueblo de Oaxaca. También puede ser un humilde signo de la presencia viva entre nosotros del Espíritu de Jesús de Nazaret, quien pasó por este mundo siendo Buena Noticia de Dios y, a quienes queremos seguirlo, nos llama a salir al encuentro del necesitado. Hoy el necesitado se llama Pinotepa Nacional, el hogar de miles de mexicanos y nuestra casa. Levantémosla.