José Ramón Arteta descubrió desde muy joven que sabía educar las voces y esa enseñanza la transmitió a su coral Eresoinka y, por supuesto, a su hija, porque «Eresoinka ha sido la coral que ha crecido con Ainhoa». Desde muy pequeña, su padre comprobó que podía subir muy alto en la escala. «Descubrí que tenía la voz en mi propia casa y fue una sorpresa increíble». Puesto a destacar, dice que «tiene una facilidad innata para cantar y una memoria auditiva fuera de serie». José Ramón le transmitió su pasión por la música y «ahora estoy muy orgulloso».