SAN SEBASTIÁN. DV. La cita es en casa de Loli, a última hora de la tarde porque sus invitadas trabajan. Ellas se llaman Mari Jose y María Jesús, son hermanas, treintañeras, empleadas de Gureak y desde hace una década vecinas de Donostia. Son también las amigas de Loli. Muy amigas. Suena el timbre. Las jóvenes entran y los abrazos se suceden. Todos sonríen. Esta escena se repite con mayor o menor asiduidad desde hace un par de años, cuando la anfitriona de esta velada se presentó en la sede de Atzegi: «Tengo cuatro hijos, ya no me necesitan y me sobraba el tiempo. Así que me ofrecí para echar una mano. Me propusieron esto y estoy encantada». Lo que le propusieron fue convertirse en lo que oficialmente se llama delegado tutelar, aunque muchos huyen de este tecnicismo y prefieren hablar de madrinas o padrinos, amigas o amigos. Se trata de adultos que apoyan afectivamente a personas con una discapacidad intelectual. Loli lo resume así: «Yo soy su amiga y me tienen para lo que haga falta».
El nexo que une a la madrina y a las hermanas Herrera es la fundación tutelar Atzegi. Creada en 1983, actualmente tutela a 54 personas que han sido previamente incapacitadas por un juez porque no son capaces de valerse por sí mismas. «Algunas no tienen una familia que les atienda -explican desde la fundación-. En otros casos son los padres de un hijo único quienes lo organizan todo para que el día en el que ellos no estén esa persona esté debidamente tutelada y no se encuentre en situación de desamparo. También tenemos casos de personas que aun teniendo familia, ésta no se puede hacer cargo de la situación por diversas circunstancias».
Mari Jose y María Jesús están en este último grupo. Hace diez años, cuando residían en Irún, su familia atravesó por problemas muy graves. Ellas se vieron obligadas a abandonar el domicilio. Un juez tuvo que intervenir en el caso y las hermanas fueron trasladadas a un centro especial en Orozko, Vizcaya. Cuando la situación se estabilizó y la fundación guipuzcoana asumió la tutela, se instalaron en pisos de Atzegi en San Sebastián. Y así siguen.
Mari Jose vive actualmente en una casa en Intxaurrondo junto con ocho compañeras. Monitores y personal de Atzegi supervisan el día a día. María Jesús reside con otras tres chicas en Amara «en un piso precioso», recuerda Loli de su última visita. Fue hace no mucho y la invitaron a cenar. ¿El menú? «Ensalada mixta, salchichas con puré y fresas con nata», rememora María Jesús. «Estaba todo buenísimo. Lo prepararon todo ellas. La verdad es que hacen todo. No salen de casa sin hacer la cama», explica Loli.
La complicidad que transmiten las tres amigas se ha ido forjando paso a paso. La primera vez quedaron para tomar un café. Todas reconocen que se cayeron bien en aquella primera cita. Luego vinieron las llamadas para saludarse, ponerse al día y organizar sus encuentros. «Solemos quedar en casa para cenar. A ellas les encanta también salir y solemos ir por ahí de vez en cuando. Algunos fines de semana quedamos para merendar o comer, aunque a veces las conversaciones de la sobremesa se nos alargan sin darnos cuenta...». Las miradas se cruzan. ¿Qué pasa? «Pues que a ellas les gusta quedar con sus novios por la tarde y una vez nos pusimos a hablar y se nos pasó la hora... Es que ahora tenemos más relación y hablamos de nuestras intimidades».
Un viaje
Mari Jose sale con Carlos. Él vive en Ikaztegieta y acostumbran a quedar los fines de semana. Suelen salir a dar una vuelta. A esta pareja les encanta ir de vacaciones juntos. «El año pasado estuvimos en Galicia», cuenta la joven. A María Jesús le encanta también salir fuera. Viaja en cuanto puede. Digamos que se apunta a todo. «Tenemos que buscar una tamborrada, porque el año que viene quiere salir el día de San Sebastián», cuenta Loli, quien cultiva una nueva afición desde que conoció a las chicas: ir de mercadillo. «A mí no me gustaban nada, pero a ellas les encanta, así que me he acostumbrado». El papel de Loli no se acaba aquí. Hace un par de semanas acompañó a María José al médico. Tiene el tímpano perforado, lo cual le impide practicar la natación. «Pero juego al tenis», matiza con una entrañable sonrisa. En breve será operada. Y Loli estará a su lado.
También estarán allí las dos profesionales que llevan el día a día de la fundación tutelar Atzegi. Se puede decir que se ocupan de la cocina. Realizan los trámites burocráticos, se encargan de administrar el dinero de los tutelados, coordinar los programas de seguimiento de cada uno, orientarles en sus decisiones... En definitiva, de garantizarles una buena calidad de vida. Una ingente labor, habida cuenta de que cada tutelado es un mundo. Los hay de todas las edades, viven en pisos compartidos, solos en su propia casa, en la fundación Uliazpi, en centros psiquiátricos... «Y no todos los tutelados tienen un delegado, ni todos los delegados son como Loli. Cada uno lleva la relación a su manera», comentan desde Atzegi, desde donde aplauden la labor de estos voluntarios, entre los que hay desde amas de casa hasta insignes ex diputados. MÁS INFORMACIÓN I C/ Okendo, 6, Donostia. 943423942 www.atzegi.org