Con más de 30 años de experiencia de ginecólogo a sus espaldas, veinte de ellos como jefe del Servicio de Ginecología del Hospital Donostia, Juan Larraz ha sido testigo del aumento progresivo de la práctica de las cesáreas. Ahora trabaja para que se realicen sólo «las necesarias».
- ¿Qué cuesta más a las arcas de la sanidad pública, una cesárea o un parto vaginal?
- Una cesárea es más cara que un parto vaginal. Supone unos gastos de quirófano, una estancia más prolongada, más medicación... La hospitalización tras un parto vaginal es de 48 horas y, tras una cesárea, de cinco días.
- Pero para el médico es menos trabajo. En menos de una hora se acaba con el trabajo de varias horas que pueden suponer un parto vaginal...
- Si al equipo médico y de matronas un día se le demostrara que es mejor una cesárea que un parto vaginal, se les abriría el cielo. El parto es tremendamente estresante. Es una especialidad en la que hay momentos de verdadero apuro, de verdadera tensión, porque en unos pocos minutos se está jugando la vida del niño o de la madre. Realizar una cesárea a todas las madres sería una bendición para todos los médicos, pero hoy por hoy no parece que ése sea el camino.
- ¿Hay mujeres que piden una cesárea a la carta?
- Ocurre excepcionalmente, pero ocurre.
- ¿Por qué?
- Habitualmente es por miedo, por una mala experiencia en un parto traumático anterior, del que tiene un malísimo recuerdo, porque fue sin epidural o por edad materna avanzada, con miedo al parto. En otros casos, puede ser que se trate del único niño que va a tener y quiere asegurarlo, y cree que lo va a proteger mejor con una cesárea. Por lo general, las mujeres prefieren el parto vaginal.
- ¿Cómo actúa entonces?
- Intento transmitir lo que la medicina sabe, es decir, que el parto vaginal, en principio, es mejor que la cesárea, que tienen menos riesgos para la madre y para el niño, que el postoperatorio es mejor... Intento convencerle de que se puede tener un parto vaginal en buenas condiciones. Le ofrezco una anestesia epidural, que se pondrá de forma precoz, que tendrá buena atención, que los médicos y la matrona estarán encima, que no va a sufrir...
- ¿Y si no se le convence?
- Es una situación dificilísima, que en este hospital no se ha dado, pero sé que en otros sí. Entonces se analizan siempre tres aspectos: la autonomía de la madre, el principio de beneficencia -que tenga más beneficios que riesgos-, y el de no maleficencia -el no hacer una práctica que reporte daño para la madre o el niño-. Si no se llega a un acuerdo, entonces se le pide que busque una segunda opinión médica.
- En las clínicas privadas se realizan más cesáreas. ¿Manda más la opinión de la madre?
- Puede ser. Si una madre insiste mucho al médico de la clínica privada, al final, trata de satisfacerla.
- ¿Hay médicos más predispuestos que otros a hacer cesáreas?
- Generalizando, como en todas las profesiones, puede haber médicos que pueden dejar evolucionar un parto intentando asegurarse de que el niño está bien, pero siempre arriesgándose y comprometiéndose un poco más. Pero puede haber algunos médicos que no están dispuestos a continuar con un parto que les crea problemas, que les angustia, les estresa y deciden terminar antes con una cesárea. Son dos posturas que hay que intentar compatibilizar, pero hay que buscar hacer las cosas basándonos en la evidencia médica.
- ¿Cuánto influye el miedo a llegar a los tribunales por una mala praxis médica?
- Si un médico ha tenido una demanda judicial, por un mal resultado en un parto en el que él creía que actuaba correctamente, es muy difícil que vuelva a caer dos veces en lo mismo y cuesta mucho que actúe con la serenidad con la que actuaba antes.
- Se dice que hay modelos y actrices que programan sus partos con cesáreas y salen estupendas a los pocos días en la tele...
- Tienen cesáreas normales y apenas se notan las secuelas porque la cicatriz que se deja hoy en día es muy pequeña. Se realiza justo al límite del vello púbico con lo que, cuando crece el vello, oculta la cicatriz.