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2001200220032004
Álava318 (13,65%)339 (14,36%)387 (15,27%)431 (16,22%)
Gipuzkoa1.024 (17,28%)1.137 (18,7%)1.221 (18,55%)1.182(17,79%)
Vizcaya1.218 (14,28%)1.233 (14,27%)1.272 (14,43%)1.445(14,78%)
CAPV2.560 (15,2%)2.709 (15,86%)2.880 (16,06%)3.058(16,03%) 1974197819801984199520042005
3%6%7%10%16,3%18,22%13,96% |
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SAN SEBASTIÁN. DV. ¿Son necesarias todas las cesáreas que se realizan en los hospitales? La respuesta no es fácil, ni para los propios ginecólogos y matronas. En los últimos 30 años, la práctica de esta intervención en los partos ha ido aumentando progresivamente en Gipuzkoa. Al principio, el crecimiento del número de cesáreas conllevó un descenso de la morbi-mortalidad perinatal y de los riesgos para la madre. Pero la práctica se generalizó y, en algunos casos, sin causa aparentemente justificada. Evidencias científicas han constatado posteriormente que, a partir de cierta tasa de cesáreas, no se produce esa correlación causa-efecto. Es decir, no porque se realicen más cesáreas se evitan más riesgos. En lugares como el Hospital Donostia ya se han puesto manos a la obra y han logrado frenar esa tendencia y «racionalizar» la práctica de las cesáreas.
Muchas son las causas que han provocado el aumento de las cesáreas estos años. Que el niño viene de nalgas, cesárea; que la madre espera trillizos, cesárea; que el parto es provocado y el cuello del útero está muy cerrado, cesárea; que el médico es inexperto y no domina el uso del forceps ni de la ventosa, cesárea; que la madre tiene miedo por una mala experiencia en un parto vaginal anterior, cesárea; que el ginecólogo no quiere complicarse, cesárea; que la madre lo programe con el médico previamente, cesárea... Nadie quiere asumir riesgos potenciales.
La Organización Mundial de la Salud recomienda que estas intervenciones de cirugía mayor no supongan más del 15% del total de partos. En Gipuzkoa, desde 2001 a 2004 la tasa rondó valores cercanos al 19% -mayor si sólo se tiene en cuenta a las clínicas privadas-, y se colocó como el territorio vasco con mayor porcentaje de cesáreas por parto. En el País Vasco, el pico más alto tuvo lugar en 2003, con una tasa del 16,06%. En el conjunto de España, el porcentaje se eleva al 25% en la sanidad pública y al 30% en la privada; por debajo de Italia, con un 35%; de EE. UU., con un 27,6%; o del desorbitado caso de Brasil en 2004, año en el que en 4 de cada 10 partos en la sanidad pública se les práctico una cesárea y en 8 de cada 10, en la privada.
«Con los datos en la mano, parece que en determinados hospitales hacen cesáreas innecesarias. Es una preocupación universal, porque hay sitios en los que se están disparando las cifras», asegura Juan Larraz, jefe del Servicio de Ginecología del Hospital Donostia. En opinión de Miguel López Valverde, presidente de la Sociedad Vasca de Ginecología y Obstetricia, «en los hospitales vascos se realiza un número de cesáreas dentro del rango considerado como normal, con porcentajes inferiores al 18%. Si alguna clínica privada estuviera por encima de esa cifra, podría explicarse por los datos del informe Hospitales Top 20, en el que señalan que los centros con menos de 1.000 partos anuales cuentan con un incremento mayor en el número de cesáreas».
Pero la tendencia al alza parece que remite. Por lo menos en Gipuzkoa. Gracias al esfuerzo del equipo de médicos y matronas, en el Hospital Donostia, el pasado año se logró pasar del 18,22% de 2004, al 13,96%. «La morbi-mortalidad perinatal y el riesgo para la madre llegó a su punto más bajo en 1994, año en el que tuvimos un porcentaje de cesáreas del 10%. Posteriormente, la tasa fue subiendo, pero vimos que no protegíamos más la salud de las madres y niños», afirma Larraz.
En el centro han hecho propias las recomendaciones de diferentes organismos internacionales, de cara a racionalizar el número de cesáreas. «La primera condición indispensable es que cada hospital debe analizar los datos propios y compararlos con los de otros hospitales de las mimas características. El Donostia es un hospital terciario que recoge los casos problemáticos de todo el territorio (prematuros...). Con lo cual, siempre tendrá una tasa de cesáreas más alta que un hospital primario que trabaja con embarazadas sin patologías. Además, es imprescindible que el equipo de matronas y ginecólogos se convenza de que es posible mejorar», considera el jefe de Ginecología.
Recuperar prácticas
En su opinión, «no se trata de disminuir el número de cesáreas porque sí. Se trata de racionalizar la cifra y realizar las necesarias para el bien de la madre y del niño». Entre las diferentes medidas puestas en marcha en el centro donostiarra para frenar las cesáreas innecesarias, Larraz explica que han recuperado una maniobra en los casos que el niño viene de nalgas. «Consiste en dar la vuelta al feto, colocándolo en presentación cefálica (de cabeza). Esta maniobra se realiza en la semana 37 del embarazo con las manos del ginecólogo. Es algo que antaño se realizaba mucho y no sé porqué se fue abandonando».
En la actualidad, la relativa seguridad de la cesárea está en entredicho en el conjunto de la comunidad médica. El jefe de Ginecología del Hospital Donostia recuerda que en esa intervención quirúrgica -en la que se abre el abdomen de la madre, para llegar al útero y extraer el feto- hay riesgos. «Hay más posibilidades de sufrir infección del útero, de la herida, mayor riesgo de hemorragia, de lesión en órganos vecinos, de padecer una trombosis venosa... Además, interfiere en la relación madre-feto en la sala de partos. El niño no se entrega a la madre inmediatamente porque no está en condiciones», señala.
La madre que ha sido sometida a una cesárea necesita más apoyo que tras un parto vaginal. «No hay que olvidar que, además de ser madre, ha sufrido una intervención. De la misma manera, -añade Larraz- compromete el futuro reproductivo de la mujer. Con una cesárea anterior, tiene el riesgo de rotura uterina 2 ó 3 veces más que si hubiera tenido un parto vaginal».
También hay riesgos para el niño. «Hay quién piensa que es la panacea para el feto, pero no es así. Entre otros aspectos, la hemorragia cerebral en un recién nacido tras cesárea es más frecuente que en un recién nacido por vía vaginal», asegura Larraz.