Es musa del 68, histórica del Quartier Latin y está a punto de cumplir 80 años. El concierto de esta tarde en el Kursaal podría parecer una invitación a la nostalgia, una cita a la que acudir con jersey negro de cuello vuelto y la pipa en la mano. Pero Juliette Gréco no es sólo pasado, sino presente. La mujer que fue compañera de viaje de todos los santones franceses del siglo pasado, de Sartre a Renoir, de Vian a Prévert, la amiga de Françoise Sagan que fue una de las protagonistas de la versión cinematográficas de Bonjour, tristesse, no quiere vivir de rentas. Y viene a Donostia para cantar en pasado, presente y futuro.
El periodismo supone a veces entrevistar a indocumentados que se creen genios y hablan con altivez e impostura. Pero cuando la gente es de verdad solvente suele responder con la calidez y calidad del ciudadano común. Leer la biografía de Gréco impresiona; hablar con ella a través del teléfono sorprende por su cordialidad. Ha corrido millas en los escenarios y fuera de ellos, pero se comporta como una mujer con una sola preocupación. «Di a los vascos que lo pasaremos bien». Dicho queda.