Se le vio por Lo Viejo los días de Carnaval. Acompañado de un cámara enmascarado ofrecía camisetas negras, camisetas rojas, camisetas azules. En todas se leía una misma y seca leyenda: «etatregua».
- Pero hombre de Dios, ¿qué hace con ese gorro de Gora Euskadi, esa capucha y esa camiseta a la sombra del muro de San Bartolomé?
- Por un lado, una acción artística. A mí me gusta que el arte esté en la calle. No me molan las galerías. No me molan los museos. No me molan los concursos.
- Eso lo dicen todos los artistas pero usted se presentó al Concurso de Artistas Noveles de Gipuzkoa. Y ganó un premio, mira por dónde.
- Ya, pero déjame contarte una cosa. Mi tía, una mujer con la cabeza bien amueblada, que ha vivido lo suyo y tiene las cosas claras, fue a ver la exposición de todas las obras y al preguntarle qué le parecían me contestó lo de siempre: «A lo mejor es que yo no entiendo». A mí eso me da mucha rabia. Sobre casi todo lo demás, la gente bien que tiene una opinión formada. Lo malo es que si dejas el arte en las salas, sólo lo ven los de siempre, cuatro gatos. Gatos snobs. Hay que sacarlo a la calle. Aunque, si decimos la verdad, hoy el 90% del arte es una mierda.
- ¿Hombre! ¿Tanto? ¿Incluido el suyo?
- Acaso. Pero ante todo, yo el mío lo considero 'arte macarra'. Mira, el trabajo que presenté a lo de Noveles era un 'top manta'.
- ¿Anda ¿y no fue la 'pasma' a desbaratarle el chiringuito?
- Pues no porque era una 'acción artística' y porque estábamos a cubierto, acogidos al sagrado de una sala de exposiciones. Era un 'manta' con el DVD de mis acciones. E invitaba a otros artistas a dejar sobre el suelo sus trabajos. También lo instalé en ARCO. Allí de estrangis, claro.
- No me diga que plantó su mantita en la gran feria de arte contemporáneo el mismo año que cumplía los 25.
- Pues sí. Cosas contundentes. No como ese colectivo que presentaba un vídeo en el que hacían explotar edificios señeros de Madrid. ¿Tonterías! Esa clase de contestación ya no sirve de nada. No asusta a nadie. El Poder, las instituciones, la sociedad, están suficientemente curadas de espanto como para dar una palmadita a sus artistas rebeldes. E incluso, subvencionarles el vídeo-bomba.
- Ya le gustaría a usted, fijo, que alguien financiara sus camisetas.
- Sí, no. No , sí. Depende. Mira, yo tengo mi trabajo así que no vivo de esto ni busco enloquecidamente la financiación de mi historia con las camisetas. Pero por otro lado, verdad es, que sólo he podido hacer 100 porque cuestan lo suyo. Si alguien me apoyase, haría mil y las colgaría en cientos de bares. Pero claro, según lo que me pidiesen a cambio de la subvención. Por ejemplo, no aceptaría que me quitarán la letra 'e' de la expresión etatregua.
- Total... Por una letrita...
- Es más que una letrita. Es que yo y quienes se pongan la camiseta le estamos pidiendo la tregua a ETA.
- ¿Y no es lo lógico?
- Sí, lógico sí que es pero no resulta políticamente correcto.
- A mí me parece correctísimo.
- Piensa, mujer, piensa. En este país, en Euskal Herria, ante la izquierda abertzale, no es del todo políticamente correcto pedirle la tregua a ETA. Alrededor del MNLV lo que queda realmente bien es exigir que sea Madrid, el Gobierno español, quien dé los primeros pasos. Y los siguientes. A mí, sin embargo, me parece que conminar a ETA a que ofrezca una tregua es el abiapuntu para poder solucionar la gatazka.
- Déjeme traducir esa frase tan en euskañol: ¿Usted piensa que la tregua sería el punto de partida para solucionar nuestro conflicto?
- Justo. ¿Y qué mejor que pedirlo con una camiseta?. Por de pronto, las camisetas son desde hace tiempo una forma, la forma, de posicionarte frente al mundo.
- Pues mira que las camisetas con mensaje no han sido fagocitadas por el Poder, las pasarelas y todo lo demás. Lo más revolucionario que puedes ver es la imagen del Ché. En pasarela. En Milán
- Depende, depende. Claro. Claro que las camisetas se han vuelto muy comedidas y reivindican la paz, la ecología y tal, pero también es verdad que pueden ser todavía muy salvajes. En Polonia, por ejemplo, han perseguido y desnudado a jóvenes que llevaban unas en las que decían que ellos cuando murió Juan Pablo II estaban tomando café. Pasa lo mismo con las chapas. Ahora queda muy bonito ponerse una de Lenin. U otra con la hoz y el martillo, pero ¿qué sería si alguien llevara una de Stalin? Imposible, está satanizado. Molestaría...
- En Berlín, hay camisetas que reivindican la antigua República Democrática Alemana. Y mecheros con las armas de la STASI, su policía secreta.
- ¿Ves? se trata de eso. Arte macarra que destroza el confort, la tranquilidad, de unos y otros. También de la izquierda radikal
- ¿Sus camisetas de 'etatregua' se mueven por ahí, se las pone la gente?
- ¿Francamente? No mucho. Por eso salgo a la calle e intento aparecer en los medios de comunicación. Luego está para qué la compras. Un amigo me dijo que se la había puesto en casa y, en la cocina, se sintió supertransgresor. Hombre, no está mal, pero se hubiera sentido más políticamente macarra si se va a Lo Viejo con ella.
- ¿La penúltima 'makarrada' política que le haya conmovido?
- Me encantó lo que hizo Mauricio Cattelan, el que en una de sus obras aplastó al Papa con un meteorito. Le dieron dinero para organizar una gran Bienal de Arte en el Caribe y... ¿cogió los millones y se los gastó de vacaciones con sus amigos justo en el Caribe!