Viernes, 3 de marzo de 2006
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POLÍTICA
Las víctimas de los 'sucesos del 3 de marzo' de Vitoria, en los que murieron cinco trabajadores, reclaman verdad, memoria y justicia en el trigésimo aniversario
Treinta años de olvido
Treinta años de olvido
Traslado de los féretros por las calles de Vitoria.
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VITORIA. DV. Han pasado tres décadas desde que un Miércoles de Ceniza de 1976 las Fuerzas del Orden Público, o 'los grises', como entonces se les llamaba, desalojara con gases lacrimógenos a los miles de trabajadores reunidos en asamblea en la iglesia de San Francisco, de Vitoria, para reivindicar mejoras salariales y laborales tras varios días de huelga en plena transición democrática.

Romualdo Barroso (19 años), Pedro Ocio (27 años), Francisco Aznar (17 años) fueron las primeras víctimas mortales de una fuerte carga policial que, además dejó heridos a más de un centenar de trabajadores, 34 de ellos de bala. No fueron los únicos muertos, días después morían otros dos obreros, Bienvenido Pereda (30 años) y José Castillo (32 años), a consecuencia de las heridas producidas en los denominados 'Sucesos del 3 de Marzo', que dejaron una profunda huella en Vitoria.

Treinta años después los familiares de las víctimas siguen reclamando justicia, memoria y verdad, ya que el expediente con la tragedia del 3 de Marzo fue pasando de juzgado en juzgado hasta que el Tribunal Militar instruyó la causa que terminó con el sobreseimiento por «no haber motivos suficientes para acusar a personas determinadas».

«Se podían haber hecho miles de investigaciones, de balística, de quienes mandaban las patrullas e incluso de las cintas grabadas con las órdenes y los comentarios de la Fuerzas de Seguridad», afirma Andoni Txasko, que perdió la visión de un ojo a consecuencia de una paliza de la Policía. Sin embargo, para el portavoz de la Asociación de Víctimas y Familiares del 3 de marzo de 1976, es evidente que «no se ha querido ni investigar ni intervenir».

A Txasko le invaden sentimientos contrarios cuando rememora los hechos vividos hace ahora tres décadas. Por una parte, recuerda la lucha «tan ilusionante» que generó el movimiento obrero a la hora de exigir reivindicaciones como una subida salarial lineal o mejores condiciones laborales y que, tal y como señala, «después se irían ampliando al reclamar el derecho de reunión, de huelga, de manifestación, así como la ruptura total con la dictadura a favor de un Estado democrático pleno».

Víctimas del terrorismo

Por otra parte, le hierve la sangre al pensar que tres décadas no han sido suficientes para esclarecer los hechos y juzgar a los responsables de las cinco muertes. «Tenemos la sensación de que ha habido una total impunidad», indica Txasko, tras enumerar las múltiples actuaciones individuales y colectivas emprendidas por los afectados para conseguir el reconocimiento institucional de la verdad de los hechos, exigir responsabilidades y para que se reconociera a todos los afectados como víctimas del terrorismo.

«Somos víctimas del terrorismo de Estado y así es como nos gustaría que se nos reconociera», afirma Romualdo Barroso, padre del joven de 19 años que murió a consecuencia de un tiro en la cabeza cuando salía de la iglesia de San Francisco. Ni él, ni Txasko ni el resto de los familiares de las víctimas del 3 de Marzo han olvidado que en aquella época Manuel Fraga era el máximo responsable del Ministerio de Gobernación. Ésta es una de las razones por las que no aceptan recoger de manos del diputado general de Álava, Ramón Rabanera, también del PP, la Medalla de Oro otorgada por las Juntas Generales de Álava en 2005, si previamente la Diputación alavesa no solicita el esclarecimiento, la investigación y la depuración de responsabilidades. «No vamos a participar en lo que para nosotros es un intento de lavar la cara», explica Txasko.

El que fuera durante 20 años alcalde de Vitoria, José Ángel Cuerda, y que en 1976 ejercía como abogado, recuerda esos días convulsos en los que tuvo que defender en el Juzgado de Orden Público de Madrid a parte de los representantes de los trabajadores del denominado 'jurado de empresa', de Michelín.

Quien más y quien menos recuerda que una mujer, que vivía en el barrio de Zaramaga donde tuvo lugar la masacre, fue acusada de agredir a las Fuerzas de Seguridad del Estado arrojando un tiesto por la ventana. «A esta mujer, que se llamaba María Angeles, le formaron un Consejo de Guerra. A mí me tocó defenderla en la sala militar del antiguo Cuartel del Flandes, actual Archivo Municipal», recuerda Cuerda, que coincide con Txasko en lamentar que en los caso de los asesinatos del 3 de marzo «nadie quiso meter el dedo, hurgar, aclarar y pedir responsabilidades».

Pese a estar agotadas todas las vías civiles y penales en España, y sin que hasta el momento se hayan logrado ningún tipo de indemnización ni resarcimiento moral, los afectados, que en 1999 constituyeron la asociación, están dispuestos a llevar su reivindicación a las altas esferas internacionales como la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, que ha admitido a trámite su demanda. El día 7 trasladarán sus reclamaciones al Parlamento Europeo con el ánimo de que esta institución pueda instar a España a reabrir el caso. Hasta entonces, víctimas, familiares y amigos volverán hoy a rendir un homenaje en el monolito que recuerda la masacre que tuvo lugar hace 30 años. Una manifestación y el concierto de Luis Llach podrán el colofón final al aniversario.



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