Lo primero que sorprendió de las nuevas canciones de La Oreja de Van Gogh fueron la guitarras más potentes y fuertes de lo habitual en el grupo, y unas canciones muy trabajadas en cuanto a arreglos. También las letras, con varias historias de desamor, o de amores imposibles, marcan una etapa «más madura y acorde al hecho de que ya estamos rondando la treintena», explicaba Pablo Benegas.
Los cinco estaban tan sueltos en el estudio que no parecían impresionados ante el examen. «Sí que impresiona, porque tener de pronto a todos los jefazos en el estudio donde hemos estado currando tanto tiempo, ver cómo reaccionan ante unas canciones que fueron saliendo un día como sin darnos cuenta, y todo lo que se monta alrededor de ellas, te da una sensación de responsabilidad que asusta», aseguraba el teclista Xabi.
La semana pasada tuvieron la misma experiencia, con directivos latinoamericanos. Nunca habían hecho algo así, porque es la primera vez también que hacen un lanzamiento a la vez en todo el mundo.
Para Amaia, la experiencia «ha sido muy buena, porque se crea un contacto humano con la gente que va a dar a conocer el disco y yo creo que les ha gustado mucho lo que han escuchado. Hay países en Europa que no nos conocen aún, pero lo importante es intentarlo, trabajar mucho y ponerle ilusión». En cuanto al disco, «es casi la primera vez en que hemos sido conscientes de quiénes somos. Siempre hemos tenido un intento de superación muy grande, pero el ir llegando a los treinta y el hecho de ser un cuarto disco ha provocado una especie de crisis en el mejor sentido».