EL compromiso de apoyo explicitado ayer por el lehendakari Ibarretxe con la construcción del puerto exterior de Pasaia, como elemento sustancial para promover la regeneración de la bahía pasaitarra, representa un aval institucional determinante, sobre todo cuando en el seno del Gobierno Vasco un partido como EA duda sobre la conveniencia de construir la dársena exterior y otro partido como Ezker Batua se opone a ejecutar la obra.
El lehendakari subrayó en el acto de colocación de la primera piedra del proyecto Navalaldea que tanto el puerto exterior como el tren de alta velocidad son necesarios para que la bahía de Pasaia y el corredor de Jaizkibel se conviertan en un «ejemplo de desarrollo sostenible y de intermodalidad del transporte para Europa», contraponiendo la potencialidad de esta alternativa al ejemplo de desarrollo «no sostenible desde un punto de vista social y medioambiental» que ha caracterizado a Pasaia a lo largo de estos últimos años. En ese sentido, la postura del lehendakari Ibarretxe adquiere el valor de un compromiso institucional irreversible por parte del Gobierno Vasco, porque parece evidente que la regeneración de la bahía de Pasaia, que está necesariamente vinculada a la construcción de un puerto exterior, difícilmente puede conocer un decidido impulso si en el seno del Ejecutivo vasco no existe una postura compartida sobre la virtualidad de este proyecto.
Esta decidida apuesta institucional por una infraestructura de la envergadura del nuevo puerto exterior de Pasaia es además conciliable con un estricto respeto al entorno medioambiental de la zona. Un proyecto que pretende la recuperación urbanística y medioambiental de una amplia superficie degradada, y que al mismo tiempo cuenta con todos los ingredientes necesarios para potenciar el desarrollo económico futuro del territorio guipuzcoano, reúne argumentos suficientes como para que su respaldo institucional sea todo lo sólido que requiere no llegar a poner en duda la viabilidad del proyecto.