Jueves, 2 de marzo de 2006
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OPINIÓN
Editorial
Unidad
La confrontación entre el Gobierno y el primer partido de la oposición en materia antiterrorista ha llegado a una situación insostenible. A un nivel de tensión y de descalificación mutua que, lejos de contribuir a un pronto final del terrorismo, favorece la recuperación de ETA. Ése es el clima propicio para el arraigo de la trama de coacción y extorsión que trata de mantener viva ETA. Resulta evidente que ha sido la hipótesis de un pronto cese de las actividades terroristas la que ha desbordado el ánimo partidista y la animosidad que se profesan PSOE y PP. Una vez más se demuestra que cuando la violencia terrorista baja de intensidad los partidos que con mayor responsabilidad deberían afrontar el problema se desentienden del clamor ciudadano y de la demanda de la mayoría de las víctimas exigiendo una respuesta unitaria frente a la amenaza aún vigente.

La desmesura de las imputaciones que los dirigentes del PP han formulado contra el presidente Rodríguez Zapatero ha sido, a la vez, causa y efecto de la indiferencia con la que éste ha ido replicando a las críticas populares y del empeño con el que los socialistas tratan de abrir camino en solitario a un proceso de paz que merecerá tal denominación sólo cuando ETA anuncie de forma inequívoca su propósito de renunciar a las armas. Todo apunta a que el presidente y su partido han pospuesto para ese momento cualquier intento de aproximación hacia el partido de Rajoy. Lo que representaría una actitud temeraria, especialmente teniendo en cuenta que ETA sigue contando con una más que apreciable capacidad para cometer atentados. Tal propósito entrañaría el riesgo de que, mientras tanto, las relaciones entre ambas formaciones empeoren aún más.

Ningún gobierno puede afrontar sin el concurso del primer partido de la oposición una tarea tan ardua como la lucha contra el terrorismo. Como tampoco puede ningún gobierno explorar las posibilidades de un hipotético final dialogado con quienes abandonen las armas manteniendo a la oposición a raya. El Ejecutivo socialista no está legitimado para exigir a la oposición que silencie todas sus críticas, pero sí que las modere hasta convertirlas en reservas y las someta al valor esencial de la unidad contra el terrorismo. Aunque para ello el presidente Zapatero debería mostrarse más cauto en público y más explícito en la comunicación que ha de restablecer con el líder de la oposición Mariano Rajoy.



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