EIBAR. DV. Pelucas a la bolsa, trajes a las cajas y maquillajes al cajón. Los carnavales han llegado a su fin y a pesar de su brevedad ha habido tiempo para todos. Los pequeños tuvieron su día con el Jueves Gordo, después vivimos la noticia positiva con el espectáculo del Carnaval de Altsasu junto con los caldereros y finalmente, el sábado fue el día de los mayores. Pero todo llega su fin y ayer, el entierro de la sardina txiki daba el punto y final a las fiestas.
El comienzo de la tarde de ayer no era muy favorable para los disfraces. El frío no invitaba a ir demasiado ligero de ropa y bastantes de los niños que acudieron a los juegos infantiles organizados en Unzaga prefirieron una buena chamarra. Sin embargo, otros apuraron las últimas horas de Carnaval para vestirse de todo tipo de personajes. Eso sí, los viudos y viudas estaban ya preparados para el desfile final.
El aperitivo organizado por Astixa sirvió para arrancar la tarde, con carreras de sacos y otros juegos populares en los que los pequeños pudieron conseguir diversos premios. Después, llegó el turno del baile. Para entonces, las gradas se habían ido poblando y, como en muchas ocasiones, registraban un lleno de público. Las niñas del grupo de danza txiki del polideportivo Ipurua, con Nerea Lodosa a la cabeza, desafiaron al frío y llenaron de ritmo la plaza. Comenzaron las más pequeñas y ofrecieron varias coreografías con los musicales como punto común. No faltaron los aplausos de un público copado por madres, padres, abuelas y demás.
Finalmente, llegó la hora de dar carpetazo al Carnaval. La sardina en su lecho partió desde Unzaga. Le precedía la orquesta y una comitiva de pequeños viudos y viudas, llorando a moco tendido. La música, alternando pachangada y ritmo recorrió la calle Toribio Etxebarria arriba y abajo para volver hasta Unzaga. Allí, finalizaba elCarnaval, hasta el año que viene.