MADRID. La política de oposición del PP se centrará en el debate sobre el terrorismo durante toda la legislatura, si el Gobierno no rectifica su actitud ante ETA, que los populares identifican con la debilidad y la claudicación. El equipo de Mariano Rajoy ha diseñado una estrategia que persigue provocar el enfrentamiento del presidente José Luis Rodríguez Zapatero con ETA, Batasuna y el mundo abertzale, a fin de impedir la apertura de un proceso político a cambio del cese de hostilidades por parte de la organización terrorista.
La presión desde la calle junto con determinadas organizaciones de víctimas del terrorismo; la dureza de la oposición en el Parlamento y el protagonismo del discurso antiterrorista en el debate político son los ejes que ya han empezado a utilizar los populares en este intento de forzar un giro de la política del Gobierno en el discurso antiterrorista.
El diagnóstico compartido por los miembros de la cúpula popular concibe al presidente Rodríguez Zapatero empeñado en ganar las próximas elecciones gracias al anuncio de ETA de un cese de hostilidades que, como contrapartida para los terroristas, supondría la apertura de una negociación política en la que estaría en juego la autodeterminación del País Vasco. Como ante la tregua de 1998 decía el entonces ministro del Interior, Jaime Mayor, los actuales dirigentes del PP creen que los etarras volverán a hacer un «anuncio-trampa» de abandono de las armas para tomar oxígeno, «recuperar su maltrecha capacidad operativa y si eso no fuera posible, llegar a su disolución tras la obtención de ventajas políticas en una negociación con el Gobierno del Estado», que implicaría un precio inasumible para los populares.
Tregua en 2008
En tales condiciones, los miembros del equipo de Rajoy se han conjurado para marginar al PP de ese proceso del que abominan por considerar que supondría «la claudicación del Estado», en términos políticos, y entrañaría un perdón a los presos etarras, «inaceptable para las víctimas y el Estado de Derecho». Incluso, alguno de los analistas que asesoran al líder de la oposición se atreve a poner fecha al anuncio de los terroristas y estima que ETA podría abrir el mencionado proceso con una tregua definitiva, dos meses antes de las elecciones generales de 2008, a fin de brindar en bandeja al PSOE un nuevo triunfo electoral.
Con este calendario, el partido opositor se dispone a concentrar su trabajo en la política antiterrorista durante los dos próximos años. Quiere demostrar a Rodríguez Zapatero que no puede mantener una acción de Gobierno en este terreno con criterios que el PP no asume y por eso le acusa de haber roto el Pacto Antiterrorista, modificado la política compartida por ambos partidos hasta el 14-M y abandonado el consenso. «Zapatero nos acusa de deslealtad pero se equivoca si cree que va a convencer a la opinión pública de que nosotros no queremos acabar con ETA», apuntó un miembro del grupo parlamentario, un ariete de Rajoy en esta estrategia. El PP del Congreso y el Senado es el encargado de mantener vivo, cada semana, el discurso crítico con la política antiterrorista. No sólo en la sesión de control al Gobierno sino también con iniciativas parlamentarias que pretenden obligar al PSOE a acercarse a las posiciones del PP en declaraciones de apoyo a las víctimas del terrorismo, rechazo tajante de un final con vencedores y vencidos o la condena solemne de los últimos atentados de ETA. Por el momento, los populares sólo han logrado que Rodríguez Zapatero negara tres veces que no negociará la autodeterminación con los terroristas.
Con esta declaración, intentan alejar cualquier acercamiento del presidente del Gobierno al mundo de ETA y Batasuna para hacer así más difícil un posible diálogo entre ambos. COLPISA