El sector de la automoción lanza mensajes preocupantes para el empleo. En Euskadi hablamos de un 3% menos de empleos que en 2004, reduciéndose a unos 42.000. Los últimos datos sobre producción de turismos marcan una tendencia preocupante, la producción hasta octubre de 2005 ha caído un 12,6%. Las ventas 2005 crecieron un 3,4%, porcentaje muy lejano al 10% del año anterior, mientras que las estimaciones para 2006, marcan una disminución de aproximadamente un 3%. A esta batería de datos debemos de añadir las últimas noticias del sector, donde las grandes compañías anuncian importantes recortes del empleo (Ford 30.000 empleos; Chrysler 6.000; Volvo 1.800; M.B. 10.000), con unas cuentas de resultados de pérdidas preocupantes.
Hemos pasado de una negociación colectiva a un mercadeo interno entre empresas del mismo grupo, con una pérdida real de salarios y condiciones laborales basadas en la adjudicación de modelos a fabricar en las plantas a medio plazo (3 a 5 años), bajo la coacción de deslocalización de la producción hacia países emergentes del este de Europa, China, Brasil y México, aprovechando sus menores costos salariales y una legislación social más permisiva que las de nuestro entorno.
Si estas situaciones tienen éxito en grandes centros fabriles con fuerte implantación sindical, no cuesta mucho imaginarse lo que puede ocurrir con la industria auxiliar o de componentes del automóvil, completamente cautiva de un sistema de precios condicionado por sus clientes, donde es prácticamente imposible repercutir la subida de las materias primas en el precio final del producto. Tampoco podemos perder de vista las consecuencias que las decisiones estratégicas de las multinacionales del automóvil tienen en su desarrollo y planificación de inversiones, por las políticas de just in time que aplican a sus proveedores en la garantía de suministro y stock de seguridad, lo cual la mayoría de las veces les obliga a la deslocalización de parte importante de sus producciones.
A día de hoy nos encontramos en Euskadi con un claro ejemplo de las consecuencias de este tipo de prácticas en el sector de Troquelería y Matricería, con una fuerte implantación en la CAV y particularmente en Bizkaia. El volumen de empleo directo del que hablamos es de unos 3.500 trabajadores y trabajadoras de alta cualificación profesional, en su mayoría y con un componente de mano de obra intensiva (facturación de horas de trabajo) sumado a los altos costes de la maquinaria necesaria para sus procesos (centros de mecanizado y prensas de gran tonelaje) y la necesidad de áreas de ingeniería para el diseño y desarrollo del producto. No menos importante es el empleo inducido que generan en diversas actividades (fundición, mecanizado, modelistas, suministro de materiales de desbaste...), que suponen alrededor de otros 3.000 empleos. Su situación actual es de crisis profunda y acelerada, lo que está llevando al cierre de empresas auxiliares. Esta crisis afecta a su vez a la matricería en toda Europa, con gran incidencia en países como Alemania, Francia e Italia. En Euskadi fuentes del sector, estiman que el exceso de capacidad productiva está cercano al 40% y esto está generando, en una primera fase, el cierre de pequeñas empresas y la proliferación de EREs de suspensión de contratos en las medianas empresas (Troquevi, Matricería Bizkaina, Matricería Nervión). Estas medidas cautelares pueden desembocar a muy corto plazo en otras mucho más traumáticas por imposibilidad de continuidad, sirva como ejemplo la situación de Matrinor, una de las mayores troquelerías de Euskadi. Esta situación está marcada por el nivel de precios, que han caído de tal forma que impiden la viabilidad de estas empresas; falta de proyectos o retraso de los mismos por parte de los fabricantes de automóviles (Volvo, P.S.A., M.B.); y que algunos fabricantes están empezando a montar sus propias empresas de troqueles en Hungría (For; Audi; Volvo).
Ante esta situación, desde la F.M. de CC.OO. valoramos la necesidad de elaborar un plan estratégico para el sector, desde la participación de todos los agentes implicados, empresas, Gobierno Vasco y sindicatos, con el objetivo de superar la crisis actual y consolidar el mayor empleo posible.