Hace algún tiempo mi mujer, que es polaca, me dijo: «Qué raro habláis aquí; continuamente estáis hablando de pacificación y no tengo ni idea lo que queréis decir con eso». Y como habla castellano con corrección, la verdad me dio qué pensar. Llegué a la conclusión de que hemos secuestrado el sentido original de las palabras para ocultar otras intenciones que no queremos reconocer abiertamente. Estos días, en los que a la pacificación se le ha unido el proceso, ya no soy capaz de entender los mensajes políticos utilizando el María Moliner. Por eso he elaborado esta pequeña guía, a modo de diccionario, esperando que sea de alguna ayuda para los más perplejos.
Conflicto. Origen de todo. Toda nuestra historia se divide en dos: antes del conflicto en el que vivíamos felices los vascos (y las vascas, claro) y después de él, cuando los vascos permanentemente luchamos contra un enemigo poderoso que no nos deja ser nosotros mismos. Algunos dicen que el conflicto empezó el año 1839, pero no está claro porque el año 1512 el malvado duque de Alba invadió Navarra y tampoco somos capaces de explicar cómo las Juntas Generales de Gipuzkoa se unieron a Castilla sin que les hubieran obnubilado el pensamiento con alguna pócima secreta. María Moliner dice que conflicto es situación permanente de oposición. Pero una subacepción arcaica dice: «momento en el que el combate está indeciso». Parece que es la situación en el que nos encontramos en la actualidad y nos produce tanto desasosiego.
Democracia. Palabra con la que embozarse para atacar a las instituciones democráticas. Normalmente se utiliza con los adjetivos de justa o verdadera, aunque algunos, que han avanzado más en la construcción nacional, le añaden el adjetivo de vasca. Así cuando alguien reclama una democracia verdadera o justa para Euskal Herria lo que realmente quiere decir es que la legalidad constitucional y estatutaria no es democrática y que por tanto hay que superarla con una nueva legalidad.
Euskadi. Arcaísmo en desuso. Sólo algunos que no quieren avanzar hacia el futuro del país lo utilizan. Simboliza la legalidad estatutaria y es el origen de la legitimidad de las instituciones democráticas actuales. Por ello la gente del proceso evita cuidadosamente su uso para recalcar que quieren fundar un nuevo tiempo.
ETA. Su significado no es aún muy claro ya que se utiliza de forma diversa. Algunos lo definen como una organización clandestina que aglutina a los elementos más desinteresados en la defensa de la democracia vasca. Otros, en cambio, revestidos sin duda de un pensamiento filosófico más elevado, dicen que este acrónimo no es en realidad una organización, sino que es la consecuencia inevitable del conflicto. Los menos preparados políticamente sólo son capaces de discernir su existencia a través de las bombas y asesinatos que periódicamente sobresaltan el camino de la construcción nacional. Su uso está muy restringido, reservándolo para las manifestaciones protocolarias de mayor gravedad. Para referirse a la cosa se prefiere utilizar perífrasis o circunloquios como violencia o conflicto armado, sólo los muy iniciados lo denominan por su nombre verdadero: La Organización.
Libertad. Palabra muy en desuso en la actualidad. Únicamente algunos, cuando tienen arrebatos de nostalgia, la utilizan, pero siempre en la frase «libertad para Euskal Herria». Se prefiere el uso de «democracia» con el adjetivo correspondiente. En la práctica del proceso parece que esta palabra se ha convertido en antónimo de democracia, de ahí la renuencia a utilizarlo. Por ejemplo ningún iniciado en el proceso pedirá «más libertad para los vascos», sino que preferirá decir «más democracia para los vascos». Alguna connotación antigua y difícil de anular debe de tener esta palabra que hace incómodo su uso. Al parecer, la diferencia entre los dos términos estriba en que mientras la democracia se pude medir con los votos y por tanto la mayoría decide qué cosa es, la libertad no acepta de ningún modo ser sometida a votación.
Normalización. Término especialmente querido y utilizado con profusión. Siempre se usa en combinación con paz y al parecer es requisito indispensable para que exista la paz verdadera. Su logro supondrá para los vascos dar por finalizado el conflicto que dura tantos años. Los más ortodoxos utilizan la expresión «superar el conflicto». Una vez lograda la normalización o superado el conflicto, pues son expresiones sinónimas, a los vascos nadie nos dirá lo que tenemos que hacer y tendremos nuestra propia democracia.
Paz. Palabra que siempre se pronuncia en mayúsculas. Es difícil definirla porque pertenece por igual al ámbito de la política y de lo religioso. En general se usa para describir un estado de felicidad a cuyo logro hay que dedicar toda la vida. Su uso, siendo muy abundante, está muy reglado en expresiones concretas. Las usuales son «paz justa» y «paz verdadera». Con ello se quiere indicar que no se trata de una felicidad genérica, sino que corresponde al tipo de felicidad concreta que a cada uno le gusta. Con todo, el uso más abundante se produce en la expresión «proceso de paz»: a estas alturas podemos afirmar que ya no es una expresión, sino una palabra compuesta.
Proceso. Tiene connotaciones muy fuertes de religión para iniciados. El público en general no conoce con certeza cuál es realmente su esencia y está absolutamente prohibido divulgar sus arcanos. El velo que lo cubre es la garantía de su existencia. Periódicamente se hace visible a los mortales a través de antiguas formulas de oración que, por utilizar un lenguaje ya olvidado por el común, es necesario que maestros de la interpretación de la palabra lo analicen y hagan comprensible a los ciudadanos, ocurriendo, en ocasiones, grandes debates y diversidad de opiniones en la interpretación. Otra forma de acceder a su conocimiento es a través de pequeños indicios o señales, signos varios como los ecos producidos por una bomba o un silencio inesperado al comenzar una frase. Hay sectores que le dan mucha credibilidad a estos augurios y existe un grupo, especialmente capacitado, llamado los oteadores, que se dedican exclusivamente a separar los hechos innumerables cotidianos de aquellos otros, aparentemente insignificantes, que, analizados debidamente en su contexto, encierran en cambio un mensaje cifrado de la mayor importancia. Para acrecentar, aún más, su hermetismo, siempre se utiliza la expresión «proceso largo y doloroso» sin que los maestros de la palabra sepan explicar cuál es su duración ni para quién resulta doloroso.
Reconcialización. Protocolo religioso a modo de rogativa o procesión que se realiza a primeras horas de la jornada festiva. Tiene la función de catarsis en la que todos los participantes reconocen sus pecados y olvidan las afrentas recibidas. Para aquellos participantes a los que, por su vida especialmente sufrida, les resulta difícil encontrar en sus actos pecados dignos de relato, se elaboran pequeñas hojas, a modo de guía, para que puedan escudriñar en su interior faltas de las que no son realmente conscientes. Terminada la procesión se da comienzo a la fiesta, y dicen los participantes que la felicidad es tan grande que, incluso en días de nubes cerradas, el cielo cobra un color azul celeste.
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