Lunes, 27 de febrero de 2006
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OPINIÓN
Editorial
Demasiado endeudados
La vuelta al equilibrio presupuestario, la caída de los tipos de interés y la mejora de los mercados laborales han provocado una desviación del ahorro hacia activos inmobiliarios y bursátiles de renta variable en lugar de la tradicional deuda pública. En la última década, las familias han triplicado su endeudamiento por la adquisición de pisos y han doblado con creces sus inversiones en renta variable. En este proceso, el Informe de Estabilidad Financiera del Banco de España ve, con razón, motivos de preocupación. Con 650.000 millones de euros al final del 2005, el 20% más que el año anterior, el volumen de deuda familiar ha sobrepasado ya los tres cuartos del PIB, y si le añadimos el endeudamiento de las empresas, ronda ya el billón y medio de euros. La tendencia, además, no amaina.

Al Banco de España no le faltan motivos para dudar sobre la estrategia financiera de las familias puesto que «el crecimiento sostenido de su endeudamiento eleva su sensibilidad frente a perturbaciones adversas en los tipos de interés». Una subida drástica de los tipos pondría en peligro la economía de la mayor parte de las familias con hipotecas y sería un golpe con consecuencias de largo alcance para el sector inmobiliario. Pero este no es el único peligro: la fuerte demanda de viviendas (y por lo tanto de préstamos hipotecarios) está sustentada en un mercado laboral y una participación laboral crecientes. Si esta expansión se truncase, la capacidad de nuevas compras y de repago de las deudas se vendría abajo y las consecuencias podrían ser drásticas. Además, la expansión hipotecaria presente tiene su base en un cambio demográfico y social ¯inmigración, auge del divorcio, turismo residencial o segundas viviendas¯ que podría cambiar en cualquier momento. Por esta razón, no está de más que la autoridad monetaria llame a la prudencia. Este es un peligro que ha tomarse en serio, especialmente por aquellas entidades financieras que extienden crédito siguiendo el único criterio de ganar cuota de mercado, y por aquellas familias que infravaloran los riesgos del futuro. Es cierto que de toda la deuda familiar acumulada sólo una pequeña parte son préstamos al consumo familiar, ya que la gente se endeuda para invertir en vivienda, y ésta no se puede considerar simplemente como gasto ya que en el fondo es una inversión productiva. Igualmente, la probabilidad de que los tipos se interés se disparen bruscamente, la demanda de viviendas caiga o que el mercado de trabajo se colapse no es por el momento alarmante. Pero descontadas las posibles convulsiones por lo anterior, queda una negra sombra por la que sí deberíamos preocuparnos: el riesgo de una involución en el mercado de trabajo causado por la inflación y el déficit comercial.



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