Los carnavales se han ido y nadie sabe cómo ha sido. No me extraña, estábamos todos pendientes del último parte médico de Rocío Jurado. Menudo curro debe tener la Anderson Center. Seguro que el equipo médico habitual de Franco no se reunió tanto. Entiéndanme, no digo yo que la Chipionera no lo merezca. Mismamente cuando canta el Como una ola se me ponen los pelos como escarpias. Pero es que algunos periodistas, más que interesarse por ella, parece que la están enterrando. Hay amores que matan. Y si hace falta a garrotazos, todo sea por un titular potente. Va a ser verdad que ya no se respeta nada. Creerán que lo digo de coña. Pero de coña, nada. Esto es un sálvese quién pueda que da miedo.
Y si no que les pregunten a los pollos de la UE. Los pocos que quedan corren despavoridos sin plumas y cacareando, mientras los responsables de Sanidad se pegan atracones de pavo delante de las cámaras. Cagados de miedo, eso sí, pero con una sonrisa del tamaño de su salario. Francia confirma el primer caso de aves infectadas con el H5N1. Este virus tiene nombre de galaxia recién descubierta. Hagamos como los políticos, veamos el lado bueno de las cosas. Supongo -es que salgo poco- que estos carnavales habrá habido mucho disfraz de pollo infectado. Alguna ventaja tenía que tener la gripe aviar. Aunque no nos haría falta ni disfrazarnos. Bastante ejercemos todo el año. Unos de pavos, otros de gansos, de Pato Lucas, de Pato Donald, de Tío Gilito, de Piolines, de Calimeros. A elegir. Dicen que la vida es un carnaval.