Es mediadora entre la familia y la escuela. Y en su opinión, la ansiedad y la necesidad de resolver los problemas con urgencia es el signo de los tiempos. Marije Uranga dice que la tarea educativa es demasiado complicada y recomienda establecer prioridades. «Algo habrá que dejar para llegar a todo», dice.
- ¿Cómo son hoy los estudiantes?
- Hay de todo. Reflejan toda la complejidad de las relaciones humanas.
- En los últimos años, ¿han aumentado los problemas en la familia y en la escuela?
- Las familias han cambiado muchísimo. Y a los profesores, miembros de esas familias más complejas, se les exige ser especialistas en todo. Reciben una enorme presión.
- ¿Qué cambios ha experimentado la sociedad?
- Queremos adaptarnos a todo sin establecer prioridades. No no nos gusta esperar ni reflexionar. Las respuestas tienen que ser rápidas. Y enloquecemos.
- Por ejemplo...
- Un niño viene de la escuela diciendo que le han pegado, o que le han ninguneado. Y en vez de observar qué pasa, cómo es mi niño, qué ha podido ocurrir, empiezan las exigencias. De los padres hacia la escuela. Y viceversa.
- Se aconseja reaccionar a tiempo...
- Sí. Pero no hay que perder de vista de dónde viene la demanda. Puede venir de una madre angustiada, de un profesor descontento con su trabajo, de un niño acostumbrado a estar sometido. En vez de realizar una observación contextualizada de lo que ocurre, buscamos al culpable.
- Y en la búsqueda rápida, ¿nos equivocamos?
- Nunca hay un único culpable. Y estamos actuando sin reflexionar. Puede existir una espera activa. La familia y la escuela deben trabajar juntas. Se suele subrayar lo que no funciona. Y eso, que es evidente, tapona lo que funciona. El niño descubre demasiado pronto que lo que tiene de positivo no se ve.
- Y, ¿cómo conseguir lo que falta sin insistir en ello?
- Es lo más difícil. Hay que poner la atención en lo que funciona. El peligro es que, al no ser reconocido lo que va bien, deje de existir.
- Se dice que ahora prestamos más atención a nuestros hijos.
- Pero la atención va con mucha ansiedad. A veces es un poco persecutoria. No les miramos relajadamente.
- ¿Hay hoy más problemas de violencia, agresión y amenazas?
- Sí. Hay más. Queremos que un niño sea maduro rápidamente. Que sea autónomo. Y muchas veces se encuentra solo. Y tiene dudas sobre lo que está bien y lo que está mal. Empiezan las faltas de respeto a los padres. Y de los padres a los hijos.
- ¿De los padres a los hijos?
- Sí. A veces se les somete. No se les deja hablar. Hay muchos extremos en este momento. Lo totalmente permisivo. Y la educación estricta. También hay mezclas de estilos en la misma familia.
- ¿Los padres deben ponerse de acuerdo?
- Es imprescindible. A veces se actúa antes de llegar a consensos. El hijo ve ambos modelos formas y, ¿con cuál se queda?
- ¿Aumentan los casos de acoso escolar?
- Hay quien piensa que no existe. Y muchas familias piensan que existe demasiado. Hay que estar muy alerta. Pero hay veces que un empujón se vive como acoso. Hay que empezar a ser fuertes. Vemos muchos niños y niñas dependientes, con pocos recursos ante los conflictos.
- ¿Cómo retomar las riendas de la educación de los hijos?
- Hablando, comprometiéndonos. Educar es lo más difícil y ante determinadas situaciones hay que pedir ayuda.
- La comodidad nos lleva a no a actuar.
- Para el profesor, el compromiso es decir siempre a algún tipo de chaval que no puede hacer lo que quiere.
- Un gran desgaste...
- Pero es una realidad.
- Receta para establecer unas buenas reglas de juego en la familia...
- Normas puestas por ambos padres, límites consensuados y revisión de las normas. En un momento dado el límite estuvo bien. Quizás ahora hay que cambiarlo.