Lunes, 27 de febrero de 2006
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EDICIÓN IMPRESA
MARIJE URANGA TERAPEUTA FAMILIAR
«La atención a nuestros hijos va acompañada de mucha ansiedad»
La educación debe abordarse con fortaleza de ánimo, «porque hay muchos niños sin recursos para resolver conflictos»
Marije Uranga. [F. DE LA HERA]
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TRAYECTORIA
Es terapeuta familiar y trabaja como agente externo cuando hay problemas entre la familia y el centro escolar.

Atiende a familias en un gabinete privado en Irún.

Se ha especializado en la Escuela Vasco Navarra de Terapia Familiar.

Ofrece cursos de formación a profesores.

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Es mediadora entre la familia y la escuela. Y en su opinión, la ansiedad y la necesidad de resolver los problemas con urgencia es el signo de los tiempos. Marije Uranga dice que la tarea educativa es demasiado complicada y recomienda establecer prioridades. «Algo habrá que dejar para llegar a todo», dice.



- ¿Cómo son hoy los estudiantes?

- Hay de todo. Reflejan toda la complejidad de las relaciones humanas.

- En los últimos años, ¿han aumentado los problemas en la familia y en la escuela?

- Las familias han cambiado muchísimo. Y a los profesores, miembros de esas familias más complejas, se les exige ser especialistas en todo. Reciben una enorme presión.

- ¿Qué cambios ha experimentado la sociedad?

- Queremos adaptarnos a todo sin establecer prioridades. No no nos gusta esperar ni reflexionar. Las respuestas tienen que ser rápidas. Y enloquecemos.

- Por ejemplo...

- Un niño viene de la escuela diciendo que le han pegado, o que le han ninguneado. Y en vez de observar qué pasa, cómo es mi niño, qué ha podido ocurrir, empiezan las exigencias. De los padres hacia la escuela. Y viceversa.

- Se aconseja reaccionar a tiempo...

- Sí. Pero no hay que perder de vista de dónde viene la demanda. Puede venir de una madre angustiada, de un profesor descontento con su trabajo, de un niño acostumbrado a estar sometido. En vez de realizar una observación contextualizada de lo que ocurre, buscamos al culpable.

- Y en la búsqueda rápida, ¿nos equivocamos?

- Nunca hay un único culpable. Y estamos actuando sin reflexionar. Puede existir una espera activa. La familia y la escuela deben trabajar juntas. Se suele subrayar lo que no funciona. Y eso, que es evidente, tapona lo que funciona. El niño descubre demasiado pronto que lo que tiene de positivo no se ve.

- Y, ¿cómo conseguir lo que falta sin insistir en ello?

- Es lo más difícil. Hay que poner la atención en lo que funciona. El peligro es que, al no ser reconocido lo que va bien, deje de existir.

- Se dice que ahora prestamos más atención a nuestros hijos.

- Pero la atención va con mucha ansiedad. A veces es un poco persecutoria. No les miramos relajadamente.

- ¿Hay hoy más problemas de violencia, agresión y amenazas?

- Sí. Hay más. Queremos que un niño sea maduro rápidamente. Que sea autónomo. Y muchas veces se encuentra solo. Y tiene dudas sobre lo que está bien y lo que está mal. Empiezan las faltas de respeto a los padres. Y de los padres a los hijos.

- ¿De los padres a los hijos?

- Sí. A veces se les somete. No se les deja hablar. Hay muchos extremos en este momento. Lo totalmente permisivo. Y la educación estricta. También hay mezclas de estilos en la misma familia.

- ¿Los padres deben ponerse de acuerdo?

- Es imprescindible. A veces se actúa antes de llegar a consensos. El hijo ve ambos modelos formas y, ¿con cuál se queda?

- ¿Aumentan los casos de acoso escolar?

- Hay quien piensa que no existe. Y muchas familias piensan que existe demasiado. Hay que estar muy alerta. Pero hay veces que un empujón se vive como acoso. Hay que empezar a ser fuertes. Vemos muchos niños y niñas dependientes, con pocos recursos ante los conflictos.

- ¿Cómo retomar las riendas de la educación de los hijos?

- Hablando, comprometiéndonos. Educar es lo más difícil y ante determinadas situaciones hay que pedir ayuda.

- La comodidad nos lleva a no a actuar.

- Para el profesor, el compromiso es decir siempre a algún tipo de chaval que no puede hacer lo que quiere.

- Un gran desgaste...

- Pero es una realidad.

- Receta para establecer unas buenas reglas de juego en la familia...

- Normas puestas por ambos padres, límites consensuados y revisión de las normas. En un momento dado el límite estuvo bien. Quizás ahora hay que cambiarlo.



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