Te veo con ojos de madre», sugería Bárbara Rey a un apuesto mocetón de Esta cocina es un infierno, y luego matizaba: «Con ojos de ¡madre mía!». Y todas las señoras se reían mucho, fingiendo sofocos, y aquello tenía un aire como binguero y ‘camp’. Era una escena, ya digo, del ‘reality’ cocinillas de Tele 5, que esta semana volvía a ofrecernos una densa mixtura de recetas, sudores de fogón y cotilleos de corrala. Carolina Ferre se pone al frente de todo eso y trata de darle continuidad, un sentido, un relato, una dirección. Creo que inútilmente. Algún día llegará en que a Carolina Ferre le ofrezcan un programa a su medida, que es más holgada que los títulos donde hasta ahora la hemos visto. ¿No da la impresión de que a esta mujer le quedan estrechos estos programas? También a la propia cadena, Tele 5, le está quedando muy estrecha Esta cocina es un infierno, que esta semana anotaba registro mínimo: un ‘share’ del 16,3%, que equivale a 2,4 millones de espectadores. Como la tendencia es descendente, hay razones para pensar que el programa no va a llegar al final. Sería el tercero de la actual hornada de Tele 5 que se cae nada más despegar. De momento ya se han caído Engaño, el reality erótico que condujo Jordi González, y Chanel número 5, el ‘show’ de Los Morancos.
Que Engaño haya desaparecido es algo que no cabe sino agradecer: era un programa impresentable desde todos los puntos de vista. Lo de Los Morancos es otra cosa: este espectáculo era su retorno a la pantalla y su debú en la privada; el perfil de los ‘gags’ no variaba sustancialmente lo que hasta ahora habían hecho, y quizás ahí haya estado el problema. La cadena ha dicho que no los destierra, sino que volverán cuando les encuentren mejor sitio; ya veremos. En el caso de Esta cocina es un infierno, una decisión tan drástica presentaría problemas añadidos: la inversión es mayor, la movilización de recursos extensa y, además, hay dos cocineros de renombre que seguramente temerán verse afectados por el tropiezo. Bien es cierto que los cocineros, Arola y Sandoval, son los que menos culpa tienen en este desaguisado. Y puestos a buscar responsables, quizás haya que señalar a unos guionistas que, para abrir boca, nos propusieron la demolición de Bienvenida Pérez. Era muy desagradable asistir a la mofa de una concursante presentada como «vieja pastillera», pero sobre todo: ¿A quién le interesa lo que le pueda pasar a Bienvenida Pérez? Alguien ha cometido un error de cálculo.