MADRID. El Tribunal Supremo confirmó ayer que ETA pudo causar una masacre en la Nochebuena de 2003, en el tren Irún-Madrid, aunque no buscara directamente la muerte de los 184 pasajeros.
El alto tribunal confirmó ayer, punto por punto, la sentencia de la Audiencia Nacional que en 2005 condenó a 2.775 años de cárcel a los etarras Gorka Lorán y Garikoitz Arruarte por colocar en el convoy ferroviario una maleta-bomba con 28 kilos de explosivos, con la intención declarada de que estallase 45 minutos después de la llegada del tren a la estación madrileña de Chamartín. Gracias a la detención inmediata de los dos etarras, el tren pudo ser parado y desalojado a su llegada a la estación de Burgos.
El Tribunal Supremo confirma en su sentencia que Lorán y Arruarte son autores de 184 delitos de homicidio terrorista en grado de tentativa -tantos como pasajeros y personal de Renfe iban en el tren- porque, con independencia de las intenciones de los activistas, los ocupantes permanecieron durante horas junto a una bomba que, según los informes periciales, podía haber explotado en cualquier momento, por lo que los viajeros corrieron «un peligro gravísimo, actual y real».
El alto tribunal, asimismo, señala que los dos acusados son culpables de los citados delitos porque, aunque declararon que no querían causar una masacre sino sólo estragos en la estación madrileña, sí que fueron conscientes del peligro de muerte al que durante horas sometieron a los viajeros del tren y, sin embargo, llevaron a cabo el atentado. COLPISA