El Ejecutivo iraquí busca apoyos, ante «el desafío más serio para la estabilidad del país», según dijo a la cadena de televisión estatal británica BBC el ministro de Asuntos Exteriores, Hoshyar Zebari. «Debemos contener la violencia y evitar que se convierta en una contienda generalizada», agregó.
Por ello, han recurrido a los líderes religiosos para que tranquilicen a sus seguidores. Ayatolás e imanes volvieron ayer a lanzar un llamamiento a la unidad entre chiíes y suníes. En la mezquita Abú Hanifa de Bagdad, el lugar sagrado más importante para los suníes, el imán Ahmed Hasan al-Taha denunció el ataque contra el santuario en Samarra, que definió como una conspiración para provocar una lucha entre facciones religiosas. Además, en una inusual intervención, la mayor autoridad religiosa de esta comunidad, la Asociación de Estudiosos Musulmanes, acusó al líder supremo reli- gioso chií, el gran ayatolá Alí al-Sistani, de fomentar la violencia.
No obstante, un representante del propio Al-Sistani abogó ayer por la celebración de una oración conjunta con los suníes ante las más de 10.000 personas que convergieron en la mezquita Al-Adilá, de Basora, en una región abrumadoramente chií.