BAGDAD. El Gobierno iraquí se confiesa incapaz de frenar la 'guerra de las mezquitas', el brote de violencia confesional que desde el pasado miércoles se ha cobrado la vida de cerca de doscientas personas. El Ejército y la Policía tomaron ayer las calles de las principales ciudades tras extender el toque de queda a las veinticuatro horas del día en Bagdad y tres provincias -Diyala (noreste), Babilonia (sur) y Salahedin (norte)-.
La ley marcial decretada para evitar un baño de sangre durante las concentraciones de las oraciones de los viernes, no pudo, sin embargo, impedir una nueva 'noche de cuchillos largos'. Aunque Bagdad amaneció con aspecto fantasmal, la llegada de la luz permitió descubrir numerosos cadáveres de personas desconocidas asesinadas a sangre fría en la metrópoli y sus alrededores.
Los cuerpos sin vida de nueve hombres -jóvenes y adultos-, todos con impactos de bala, se localizaron en los barrios de Sumar, Al-Azamyía, Kisra wa Atash y Al-Habibiya. Otros once cadáveres, con las manos atadas y también acribillados, aparecieron en la zona de Huseiniya, seis de ellos tirados en un aparcamiento. En la gran urbe iraquí, además, dos religiosos, uno chií y otro suní, fueron asesinados en sus templos.
Recuentro impreciso
En un suceso separado, hombres armados desconocidos mataron al almuédano de una mezquita chií en Tuz Jurmato. Y, en Latifiya, cinco miembros de una familia chií también fueron sacados de su casa a la fuerza la pasada noche y asesinados.
En total, antes del amanecer pudieron haberse producido más de ochenta crímenes, sin que ayer se pudiera concretar si las víctimas eran suníes o chiíes. Aunque las cifras son confusas, se calcula que hay cerca de doscientos muertos en las últimas 48 horas.
Durante parte del día se produjo una tensa calma. Numerosos puestos de control impedían cualquier desplazamiento, sobre todo en las zonas más peligrosas como Sadr City, Ghazaliya y Mansur. Pero, sin que nadie supiera cuál fue el detonante, grupos armados chiíes y suníes comenzaron a enfrentarse a tiros en el barrio de Al-Turazel, al oeste de Bagdad. La Policía se limitó a cercar la zona para impedir que se extendieran los combates entre militantes del Ejército del Mahdi, la milicia radical chií, liderada por Moqtada al-Sadr, con hombres armados suníes de un grupo no identificado. Cuando se detuvieron los tiros, las fuerzas de seguridad pudieron penetrar en esas calles, donde, sorprendentemente, no encontraron ningún cadáver.
Por su parte, Bush reconoció ayer que todavía quedan por delante «difíciles y agotadores jornadas» en Irak, pero, en su opinión, con el indicio esperanzador de que las autoridades políticas y religiosas locales logran contener el conflicto. Aunque, según el presidente estadounidense, Irak se mantiene en una situación muy grave y vive momentos decisivos, se muestra «optimista porque el pueblo iraquí ya se ha pronunciado» al votar en varias elecciones mayoritariamente a favor de la democracia.
Ante una audiencia arropadora de la Legión Americana, la mayor organización de veteranos, Bush insistió en que no habrá cambios en los actuales empeños de su Gobierno: «Estamos comprometidos con un objetivo histórico a largo plazo». AGENCIAS