Sábado, 25 de febrero de 2006
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DEPORTES
JUEGOS OLÍMPICOS DE INVIERNO
María José Rienda falló en el gigante y terminó llorando
Fue decimotercera en el descenso que ganó, contra pronóstico, Julia Mancuso
SESTRIERE. En su gran día, en el momento más importante de su dilatada carrera y cuando toda España soñaba incluso con la medalla de oro, María José Rienda decepcionó, no dio la talla esperada y sólo pudo terminar ayer decimotercera en el gigante de los Juegos Olímpicos de Turín que ganó, contra todo pronóstico, la estadounidense Julia Mancuso. La también granadina Carolina Ruiz, de origen chileno, sí estuvo dentro de lo esperado y acabó vigésima.

Con 30 años, una edad más que considerable para el esquí, la granadina estaba ante la gran oportunidad de cerrar su palmarés con lo máximo, un metal olímpico. Le avalaban su excelente estado de forma y el 'ranking', ya que ocupa el segundo puesto en la Copa del Mundo de la especialidad y había ganado tres de los siete gigantes disputados esta temporada. Pero su flojísima primera manga, en la que acabó decimoséptima a más de un segundo de las mejores, fue un hándicap imposible de recuperar por más que saliese a tope, con el cuchillo entre los dientes y dispuesta al todo o nada, en la segunda bajada. Remontó cuatro puestos, en realidad más gracias a las salidas de pista de muchas de sus rivales que a su crono, pero acabó muy lejos de la cabeza, a casi tres segundos.

Ansiedad

Ansiedad, nervios, presión, saber que había despertado tanta expectación que hasta los Príncipes de Asturias viajaron a la estación piamontesa para festejar su éxito, niebla, nieve copiosa durante ambas bajadas... Causas del varapalo se pueden encontrar muchas, pero el caso es que Rienda erró cuando menos debía y por eso terminó llorando una amarga derrota que tampoco debiera empañar sus cinco extraordinarios triunfos parciales en pruebas de la Copa del Mundo, uno más que Blanca Fernández-Ochoa.

María José, quien se levantó en torno a las seis de la mañana para adecuar su cuerpo a la carrera (desayuno a base de cereales y 'footing' y un fuerte calentamiento), nunca se encontró cómoda en una jornada marcada por el pésimo tiempo, con niebla, nieve incesante y bastante frío, 11 grados bajo cero en la cota alta del recorrido y -7 en la parte baja cuando, a las 9,30 horas, la granadina fue la primera en salir.

Abrió pista

Le correspondió abrir el gigante por sorteo. Ser la primera tiene las desventajas de no contar con la referencia de ninguna rival y de encontrarse un trazado sin definir claramente.

«En la primera parte de la manga inicial estuvo dentro de la carrera, pero en la segunda no consiguió cambiar la marcha. No halló el ritmo perfecto ni la línea ideal», reconocía su técnico, el suizo Mauro Pini, tras la primera bajada de la andaluza. La pista se había acortado por las malas condiciones y la cota de salida se bajó hasta los 2.300 metros, donde al menos la visibilidad era mínima. Su decimoséptima plaza, a 1.39 de Mancuso, ya la mejor en esa primera manga por delante de la sueca Paerson, anunciaban lo peor.

Mancuso, la sorpresa

Sólo un milagro le permitiría poder luchar aún por el podio, por más que el segundo trazado fuera más exigente y más técnico. Salió del portillón enrabietada, dispuesta a jugarse el físico. Comenzó bien pero pronto anduvo cerca de perder el equilibrio. Recuperó la figura pero ya había perdido unas décimas de segundo preciosas. Llegados a ese momento tan delicado, bastante hizo con poder alcanzar la línea de meta.

Mancuso, tercera en el gigante y el supergigante en los Mundiales de 2005 aunque nunca ganó una prueba de la Copa del Mundo, sorprendió a las favoritas y se apuntó su primer título olímpico sin discusión. Fue la mejor en las dos mangas y acabó con 67 centésimas sobre Poutiainen. Paerson, la gran favorita junto a Rienda , sólo pudo ser sexta. COLPISA



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