Sábado, 25 de febrero de 2006
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Volver a ser un grande Cuidado con los descensos
Peio Bengoetxea relevó en diciembre a Seco en el banquillo del Beasain. Desde entonces el equipo sólo ha perdido un partido y sueña con subir a Segunda B
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SAN SEBASTIÁN. DV. El Beasain quiere volver a ser un grande. En la memoria de los seguidores vagoneros todavía están recientes los días de gloria, los ascensos de categoría, las eliminatorias de Copa ante equipos de Primera en el viejo Loinaz. El año pasado, el del centenario, el equipo estuvo a punto de tocar el cielo con los dedos. Durante toda la temporada se mantuvo en puestos de ascenso a Segunda B, pero en la última jornada se quedó fuera de las plazas que daban opción a disputar los play offs. Concluyó la temporada con un regusto muy amargo.

En el seno del club beasaindarra intentaron hacer borrón y cuenta nueva coincidiendo con el inicio de la presente campaña, ya con el nuevo y moderno campo de Loinaz, pero los resultados no eran los esperados y en diciembre llegó el relevo de entrenador. José Manuel Seco dejó su puesto en el banquillo vagonero a Peio Bengoetxea un técnico ondarrutarra de 49 años que ha adquirido experiencia a base de mudarse de equipo a equipo. Obtuvo el título nacional en 1989 y de aquella promoción salieron entrenadores como Cardeñosa, Esnaola, el osasunista Etxeberria, Escalza, el barcelonista Olmo, Alfredo del Castillo, Copi Lacasa o el mismísimo Rafa Benítez, actual técnico del Liverpool y campeón de Europa.

La lista de los clubes a los que ha dirigido es muy extensa. Empezó entrenando a unos chavales en la playa y antes de recalar en Beasain hizo escalas en el Aurrera de Vitoria, Mondragón, Haro, Andorra, Figueres, Rayo Vallecano, Salamanca -estos dos como segundo de Ortuondo-, Girona, Don Benito, Mirandés y Barakaldo. «Me gustó el reto de entrenar al Beasain y además quería quedarme en Euskadi. Durante muchos años he estado dando vueltas con la maleta de aquí para allá», declara Bengoetxea.

El cambio sirvió de revulsivo para elevar la moral de una plantilla alicaída. Pero no fue inmediato. «Ese refrán de que a entrenador nuevo victoria segura no se cumplió en mi caso -recuerda-. En mi debut perdimos en Gernika. Nos metimos un gol en propia puerta y fallamos un penalti». Afortunadamente, los resultados comenzaron a llegar.

Un equipo enrachado

En estos momentos, el Beasain es uno de los equipos más en forma de la categoría. A lo largo de 2006 sólo ha perdido un partido, el pasado 8 de diciembre ante el Tolosa. Y se encuentra enrachado. Los datos así lo demuestran. De los últimos 21 puntos en juego, los vagoneros han logrado 17. A día de hoy, el Beasain ocupa la séptima plaza en la clasificación, con 34 puntos. En su haber figuran nueve victorias, siete empates y ocho derrotas. Ha marcado 31 goles y ha encajado 26. «El mérito no es mío, sino del equipo -proclama Bengoetxea-. Cuando encadenas una serie de resultados positivos se intenta darle valor a lo individual, pero yo ni me planteo ser un elemento importante de la reacción del equipo».

Su objetivo es entrar en la fase de ascenso -se clasifican los cuatro primeros- y disputarle la tercera plaza a Tolosa y Eibar B. El líder Sestao, con sus 52 puntos, parece por el momento inalcanzable. El sueño de regresar a Segunda B, la categoría que según el presidente, Enrique Villaro, le corresponde al Beasain, no está tan lejos. Pero Bengoetxea no quiere que sus jugadores pierdan la perspectiva. «Tengo miedo a que se malinterprete que la línea ascendente que llevamos en las últimas jornadas -ya son siete sin perder- va a ser continua. Esto es un juego y hay que sumar los máximos puntos posibles, pero sin pensar en títulos. Puedes caer en la euforia y esa es la peor amiga que puedes encontrar en este viaje. Nosotros somos un equipo modesto».

El nuevo Loinaz

La posibilidad de utilizar el nuevo Loinaz ha cambiado las expectativas del equipo. A juicio del técnico beasaindarra, «ese ha sido uno de los factores que han propiciado la remontada. Los jugadores se han sacudido el factor sicológico que suponía jugar en un campo pequeño como Igartza, con un césped sintético. Se ha notado el cambio para bien. El equipo ha encontrado ahora esa veta para seguir tirando del filón».

Bengoetxea incide en que no hay que lanzar las campanas al vuelo antes de tiempo. «Ahora mismo, mi cabeza está pensando únicamente en el Indautxu, el próximo rival que tenemos. La plantilla debe centrarse en lo inmediato, no especular con posibles resultados en próximas jornadas. Hay que darse cuenta de que estamos hablando de fútbol amateur, de jugadores que no tienen en su trabajo la regularidad que pueden tener jugadores de Primera División. Eso hay que tenerlo muy en cuenta siempre».

Su método de trabajo es muy sencillo, no hay misterios. «Cada maestrillo tiene su librillo, pero lo importante es sacar el máximo rendimiento a lo que tienes. Eso se consigue dando siempre lo mejor que llevas dentro, esforzándote y luchando para que todo vaya a más. Prefiero salir a andar y ver a dónde he llegado que marcarme como objetivo subir el Txindoki y luego no poder hacerlo». Los malos resultados cosechados hasta el momento por los equipos vascos que ocupan las seis últimas plazas de la clasificación de Segunda B podrían significar a final de temporada que varios equipos de Tercera -pueden ser seis o siete, dependiendo del número de equipos que desciendan- se vieran arrastrados y acabaran descendiendo también a Preferente. «La amenaza está ahí. Cuando llegué, estábamos en el puesto 16 y éramos conscientes de que a los descensos se podrían sumar cuatro o cinco equipos más. Dependemos de nosotros mismos, pero no podemos confiarnos, ni hacer cuentas de la lechera. Nuestro objetivo es no acercarnos a los puestos del doce para abajo, por si acaso», anuncia Peio Bengoetxea.



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